miércoles, 10 de enero de 2018

Donde hablo de Victoria Álvarez y su Ciudad de sombras y de lo bien que me lo he pasado con ella

Sigo la carrera literaria de Victoria Álvarez desde su primera novela Hojas de dedalera hasta su recién publicada La ciudad de las sombras y es fascinante asistir a la evolución en directo de una escritora, de la depuración del estilo, de su habilidad para tejer las tramas y para hacer cada vez mejor eso de que parezca sencillo escribir.

La ciudad de las sombras es su última novela


que no hay que confundir con ninguna de estas otras ciudad a oscuras.


Lo bien que me lo he pasado con la última novela de Victoria Álvarez no tiene nombre. La ciudad de las sombras ha sido una experiencia lectora fantástica, una novela de aventuras de corte clásico, pero sabor moderno. Un cruce magistral de la narrativa de Jules Verne o Kipling, con la screwball comedy de los años treinta (cuesta poco imaginarse a Helena Lennox con el descaro y la rapidez de verbo de una joven Katherine Hepburn o Carole Lombard) y el encanto, frescura e imaginación del cine de aventuras de los años cincuenta con Las minas del rey Salomón, La tumba india o Mogambo a la cabeza, un poquito del exostismo de las películas de la Hammer y bastante de serial de aventuras y folletín. Jugando con estos elementos, ¿cómo no me va a gustar?


Todo esto sin perder la personalidad que ha ido forjando Victoria Álvarez novela a novela y siendo coherente con el universo literario creado en su anterior trilogía. Con mayor frescura, encanto y sentido del humor. Un universo que no suena a pastiche, si no que es sincero y auténtico. Virginia Álvarez vive en este mundo literario que ha creado y por eso lo percibimos tan creíble y nos es tan fácil reconocerlo.


La ciudad de las sombras es una excelente novela de aventuras de corte clásico y un paso más en la carrera de la autora. Ojalá otras experiencias lectoras fueran la mitad de divertidas que esta novela. Escrita con oficio y seguridad en la trama y la técnica. Un estupendo ejercicio que por momentos parece de otra época.

Resumiendo, lo he pasado genial con esta historia y solo deseo volver pronto a encontrarme con estos personajes.

domingo, 7 de enero de 2018

Sobre mi primer (y quizá último) reto literario

Uno de mis sueños es tomarme un par de años sabáticos e irme a recorrer América Latina.
Toda.
Desde arriba hacia abajo y desde un océano a otro.
Como esto de momento está difícil, lo haré de otro modo.
En su blog, Divagaciones de una poulain, Nea Poulain propone un reto literario para el 2018.


¿En qué consiste? Un libro de cada país que conforma América Latina. Mínimo cinco, máximo el que el participante quiera. Me gustó la idea y me apunté. ¿Por qué? Porque siento cercano el continente y sus países y porque quiero conocer más su literatura, tanto clásica como contemporánea. Demasiada tendencia a centrarnos en lecturas europeas o norteamericanas y olvidarse del resto del mundo. Y América Latina más o menos la tengo leída, pero Asia o África son un tremendo vacío en mi cultura. Así que a subsanarlo. Poco a poco. Hago el tour y me comprometo a autores asiáticos y africanos. Sacar mi cabeza de este eurocentrismo blanco en el que vivo.

A las reglas que propone Nea Poulain he añadido yo un por mi cuenta un par. Siempre que sea posible, autoras. Y siempre que sea posible, cuentos.

Ha pasado una semana del inicio del reto y constato un par de cosas.
Como cuesta encontrar a autoras de algunos países publicadas en España.
Qué enormes lagunas literarias tengo.

Y he empezado por Argentina (ya sé que para el reto solo cuenta uno de los títulos, pero ya puestos).


El libro de Mariana Enríquez ya lo he leído y ha sido una experiencia muy interesante. Una colección de relatos de terror muy en la línea de Shirley Jackson donde el horror se esconde en los pliegues de la realidad. Momentos de cotidianidad (excursiones, visitas, recuerdos), un punto de crisis y el horror se cuela. Se me queda en la memoria la excursión de un grupo de adolescentes a bañarse donde se mezclan crueldad, superstición y brujería. Y "El aljibe", poderosa pieza de terror psicológico y donde esa frontera difusa entre la realidad y lo fantástico se difumina totalmente. Imágenes poderosas, situaciones molestas e incómodas, una mirada narradora distante y fría que consigue que la inquietud y el horror que desprenden el relato sea mayor. Esa indiferencia hacia el dolor ajeno... y propio.

Y si al libro de Mariana Enríquez llegué por el consejo de un par de clientes, "leelos que te van a gustar, es muy buena. Este y el otro libro, Las cosas que prendimos en el fuego", al libro de Samanta Schweblin llegué por un hueco en la mesa de novedades. Y agarré de la estantería dos ejemplares que me quedaban de Pájaros en la boca y los llevé a la mesa. Por el camino leí las primera frases del primer cuento y que quedé atrapado odiando a todo aquel que me rodeaba por tener que trabajar y no poder sentarme tranquilamente y leer. Llevo la mitad del libro, y aun no puedo hacer una valoración general del mismo, pero de momento me he encontrado un buen puñado de excelentes relatos de variados tonos y géneros, pero que comparten la contundencia y la inmersión en un territorio extraño e inquietante repleto de poesía y crueldad. Terror, fantasía, parábolas, género negro... ambigüedad y libre interpretación. Aun me queda recorrer la mitad del camino, pero se presiente uno de esos libros que permanecen y una autora de la que acabaré devorando toda su obra.

Ambos comparten que lo que inquieta es eso que no se muestra, que se intuye, que se calla.
Y que el horror y la pesadilla están aquí, acechando tras la cortina o la mirada conocida.

Seguiremos viajando.

lunes, 1 de enero de 2018

Primera lectura del año - Cuentos de Shirley Jackson (no soy digno). Y esto no es una reseña


Advertencia
Cambios en el blog. El esquema / motivo / recurso de reseña ya no me satisface. Siento que me constriñe y que me impide hablar lo que quiero y como quiero del libro. Se supone que una reseña tiene que ser ponderada, argumentada, con presunción de objetividad y, en mi caso, con el paso de la edad y las lecturas cada vez estoy menos por ello. Cada día me aburre escribir más reseñas. Creo que es uno de los motivos por los que el blog está abandonado y las hienas realizan un festín con su cadáver. Necesito encontrar otra forma de conectar y explicar lo que leo.

A veces no se puede objetivar la experiencia lectora. En ocasiones, la sensación que te deja un libro es la de salir aullando por las calles y obligar a todo el mundo a leerlo. La experiencia lectora deriva en un canto entusiasta que no se puede costreñir a "me gusta y bla bla bla y la estructura bla bla bla" si no en repetir una y otra vez leedlo, leedlo, leedlo, añadiendo después un montón de palabrotas.

Y para revitalizar el blog necesito cambiar.
Fuera reseñas.
Haremos otra cosa.

Eso no quiere decir que acabe escribiendo una reseña.
Veremos qué pasa con la nueva vida del blog.
Fin de la advertencia

Primera lectura / relectura del año.
Empiezo fuerte.
Quiero empezar fuerte.
Necesito empezar fuerte.
Literatura que golpee, inquiete, moleste, enturbie y eleve.
La niña duerme. Me siento a su lado con el libro en la mano y me pierdo en los cuentos. Por dentro tiemblo y me emociono y solo puedo pensar en ese momento en que ella crezca y pueda decirle, toma lee esto.


Cuentos escogidos, Shirley Jackson, Minúscula editorial
Traducción de Paula Kuffer

Lo que siento por la obra de Shirley Jackson es amor.
La maldición de Hill House es un puñetazo y el origen de casi todo lo que se puede decir sobre casas encantadas. Y la película que en 1963 hizo Robert Wise. Terror por la sombras, el sonido.


Siempre hemos vivido en el castillo es una obra maestra. Punto. No se puede añadir nada más. Una obra maestra sobre crueldad, paganismo, brujería y cuentos de hadas.

Sus cuentos son puras miniaturas donde la crueldad, la porosidad de la realidad y el encuentro con las fronteras que la desdibujan, la envidia, los celos y esa materia oscura que anida dentro de los seres humanos y que nos pudre que puede asomar por una simple pregunta, un gesto, una mirada. Ejercicios de poder arbitrario. Y el peso que deja al lector. Aquí no hemos venido a redimirnos ni a buscar destellos de esperanzas. Como mucho podemos permitirnos el lujo de perdernos por las calles.

Y da miedo.
Por lo que atisbas con el rabillo del ojo.
Por esa puerta abierta por donde puede entrar algo. O nada. Pero la posibilidad es lo que aterra.

Shirley Jackson es una de mis autores preferidos, más queridos y envidiados. Cuando la lectura de un autor motiva a escribir, a emborronar papel (sigo escribiendo a mano), a replantearte otra vez la estructura de ese cuento porque todavía no es. Tras leer algo suyo, deja un poso, un peso físico en el cuerpo, la certeza acompañada de nervios de que se ha leído algo bueno, algo grande, algo que va más allá.

Además, como Chéjov, Woolf, Pratchett, O'Connor, su obra es infinita. Por muchas relecturas que uno haga de La lotería o de Siempre hemos vivido en el castillo, el cuento o la novela siguen diciendo cosas, siguen hablando al lector. Es imposible agotarlas como no se puede agotar La Novena Sinfonía, Amanecer de Murnau o el disco The Supremes A'Go-Go. Hay obras que siempre son nuevas para el lector / espectador / auditor (¿se diría así?) porque dicen algo nuevo siempre. El tiempo nos cambia y en esas obras encontramos ecos de esos cambios.

Libro excepcional.
Escritora infinita.

Una reseña de verdad de este maravilloso libro lo encontraréis en el imprescindible blog Devoradora de libros.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Los 14 de Monument de Emmy Laybourne

Los 14 de Monument, Emmy Laybourne, Hidra Editorial

Esta será una reseña que abarcará la trilogía completa por lo que es posible que pueda destripar algo del argumento. Intentaré que sean detalles sin importancia. Espero conseguirlo y que me perdonéis si acabáis leyendo algo que no queríais saber.
Os lo compensaré.
No sé cómo, pero ya nos pondremos de acuerdo.
Podéis hacer vuestras peticiones.

Sinopsis tomada de la contraportada del libro.

En esta trepidante novela de Emmy Laybourne, seis chicos de instituto (algunos populares, otros no), dos de trece años (uno de ellos un genio de la tecnología) y seis niños pequeños han quedado atrapados en un gran hipermercado. Mientras, en el exterior, una serie de desastres consecutivos, que empiezan con una descomunal tormenta de granizo y terminan con un vertido de armas química, parecen estar a punto de acabar con el mundo tal y como lo conocemos.

Fantasía apocalíptica de supervivencia con homenaje a Romero.
En principio no suena nada mal.
¿Y el resultado?
Sinceramente, a medio gas.
Un buen ritmo, una buena historia y un puñado de buenos personajes lastrados por elementos:
1. Una equivocada historia de amor (triángulo incluido).
2. Un equivocado protagonista.
3. Que por mucho que aparente dinamitar conceptos como familia u orden, la trilogía acaba siendo una loa a los valores tradicionales, a la familia de siempre con la estructura de siempre siendo bastante más conservadora de lo que en principio parecía ser. Ya sé que este último punto va a personas y que puede haber lectores que les parezca precioso un final así, pero a un servidor le chirría por todos lados. El orden que por un momento ha desparecido, se restaura y todo vuelve a ser como era antes. Cuando, en mi opinión, si te encuentras una mañana con un apocalipsis lo mínimo que se puede hacer si eres un superviviente es fundar un orden nuevo. Y en esto, sí, se incluyen roles de género.

Por lo demás, bien.

La trilogía Los 14 de Monument tiene un buen ritmo, acción, descripciones ajustadas (por momentos más parece un guión de cine que una novela, por eso) y consigue eso tan difícil de manejar muchos personajes, pero sin resultar confusa y que cada uno de los actantes quede lo suficientemente caracterizados para que sean algo más que comparsas o títeres (y eso que se parte de los consabidos tipos de empollón, freak, populares, etc.). Tiene buenos momentos de tensión, sobre todo en su segunda parte la que en mi opinión está más conseguida. La primera peca de introductoria, pero mejora a cada página y volumen. De acuerdo, en su explicación de porqué ocurre lo que ocurre hay que suspender un punto la credibilidad, pero funciona.

La lástima es que la autora ceda en exceso el protagonismo a un forzado y poco creíble triángulo amoroso y que las diferentes historias de amor que hay en la trilogía no acaben de funcionar. Los elementos más de ciencia ficción (la explicación del por qué de todo) quedan en segundo plano lo que no me parece una decisión muy acertada ya que es lo que (y siempre hablo de mi experiencia lectora) me parecía más interesante. El por qué y las consecuencias. La historia por momentos se embarra en clichés amorosos y, sobre todo, en una voz protagonista que creo lastra parte de la novela.

Hacía tiempo que no me encontraba con un protagonista tan odioso. Un personaje que pese a todo lo que pueda parecer no evoluciona en toda la novela. Sus celos e inseguridades siguen siendo los mismos en la primera página y en los últimos capítulos de la tercera parte pese a todo lo vivido. Los demás personajes están más conseguidos y son más interesantes que este lastimoso narrador. Lo que, por otro lado, no deja de ser interesante. En ninguna parte está escrito que nos tengamos como lectores que identificar con el protagonista o caernos bien.


Una trilogía de acción entretenida, directa, rápida y muy evasiva. No es perfecta porque acaba incurriendo en algún cliché que suele lastrar parte de la novela juvenil, pero acaba proporcionando unas horas de lectura divertidas. Para mí, menos triángulo y más ciencia ficción le hubiera sentado de maravilla.

Gracias a Editoria Hidra por el ejemplar.

martes, 21 de noviembre de 2017

Textos de mediocridad e hiperrealismo de J.C. Rosa

Textos de mediocridad e hiperrealismo, J. C. Rosa, Autoedición

El libro se puede conseguir por medio de la página Lektu pinchando aquí. El precio es el que el lector buenamente quiera. Si os parece interesante lo que digo del libro, dejadle algo al autor. Es buena persona, escribe bien y tiene gastos de vicio y rol que sufragar.

No suelo aceptar leer las propuestas que me hacen por mail. Es muy raro que diga el sí (aunque cuando lo he hecho ha sido para encontrarme con un par de buenas sorpresas) por motivos varios que no voy a explicar aquí. Con este libro de relatos de J.C. Rosa hice una excepción. Es el autor de dos de los pocos blogs que sigo con asiduidad (El día del testículo, imprescindible bitácora para entender qué es eso del absurdo cotidiano y El blog mediocre donde se narra el apasionante día a día de un rolero con conciencia, responsabilidad, sensualidad y superpoderes).

Y la verdad es que Textos de mediocridad e hiperrealismo ha sido una buena lectura. Interesante, divertida, oscura, algo irregular y con momentos y destellos de buen escritor.

Textos de mediocridad e hiperrealismo se divide en cuatro secciones. Relatos, microrelatos, poemas y un cuento más largo que los demás (que suelen ir entre una y dos páginas consiguiendo una síntesis de información y relato admirable).

El mismo autor ha confesado que este libro es la recopilación de textos escritos a los largo de veinte años por lo que alguno de ellos tiende a la inmadurez literaria o que la estructura del texto sea en ocasiones irregular alternando buenos relatos ("De amor y vacío", "De motores y monjas") con otros menos conseguidos ("De admiración y fotosíntesis"). Pero esta juventud de algunos textos también hace que el libro sea fresco y espontáneo. Pese a la inmadurez de algunos textos, ser percibe una conciencia de trabajo.

Lo más interesante de este libro es una voz narrativa cargada de un humor bronco, cínico, áspero que es muy divertido en el relato que en ese momento se está leyendo, pero que a la larga acaba siendo desolador. Desconozco el estado vital del autor en el momento de escribir muchos de estos relatos, pero su lectura da una visión desesperanzada y cínica de la humanidad. Caso lovecraftiana en ese sentido del término de la indiferencia del universo hacia los sentimientos y vivencia del ser humano. De la abismal indiferencia de los Primigenios a la profunda indiferencia del universo y la naturaleza. Porque, seamos sinceros, por mucho que amemos, creemos obras de arte, seamos crueles y viles, al sol de la igual.

Personajes que intentan trascender su mundo, aspirar a algo más, alcanzar algún tipo de belleza para después sufrir un duro desengaño por una cruel e irónica pirueta o por la indiferencia del alrededor. O por el propio egoísmo / estupidez del protagonista. Y pese a todo este cinismo y crueldad, hay posos de ternura. Bronca, vale, pero ternura.

Textos de mediocridad e hiperrealismo se ha revelado como una lectura muy interesante pese a la irregularidad de los textos y con destellos de la promesa que vendrá. Buenos relatos, ideas muy divertidas y ganas de más.

Próximamente, La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp, un libro más mundano en palabras del autor lleno de gente que explota, viajes en el tiempo, mutantes caníbales y artes marciales.