viernes, 23 de julio de 2010

Los ojos del dragón de Stephen King. Principes y hechiceros

Los ojos del dragón, Stephen King, DeBolsillo, 2008 (4ta edición)

Según cuenta la leyenda, el origen de esta novela se encuentra en la queja de una hija a su padre que no ha leído ninguna de sus novelas porque no le interesaban ni los vampiros ni los monstruos. Así que el padre, como buen padre que es, le escribe una novela sin monstruos ni vampiros para que su hija la pueda leer. Y escribe Los ojos del dragón, una novela de fantasía épica con todos los elementos típicos del género, pero conjudados de una forma ligeramente atípica, pero tampoco demasiado.

¿De qué va Los ojos del dragón? Pues tenemos un rey con dos hijos. Peter es el mayor y está preparado para ser rey; inteligente, sensible, serio, responsable y concienciado con su responsabilidad. Thomas, el hijo menor, es callado, tímido y por muchos palos de la vida, resentido y envidioso. Y este rey tiene un consejero que, como bien nos explicó Terry Pratchett en Pirómides, conspira contra el rey. Se llama Flagg y es mago. ¿Quiere el poder Flagg? ¿Quiere dinero? ¿Quiere el reíno? No, Flagg sólo quiere la destrucción, el horror, la muerte y la violencia. Su conspiración no es para conseguir poder, sino para destruir el reino, a sus habitantes e iniciar una etapa de oscuridad de mil años. Hay una asesinato, un acusado, un testigo, una conspiración y un mago muy enfadado.

Stephen King es uno de los autores fundamentales y más importantes de la llamada literatura popular del siglo XX y principio del XXI. Es conocido por su novelas de terror y ciencia ficción, por ser uno de los grandes diseccionadores de la moral y contradicciones de la clase media/baja, y para mí es uno de los grandes narradores americanos de este siglo que si no tiene más reconocimiento crítico es sólo por el hecho de escribir literatura de género (ocurre lo mismo con el anteriormente citado Terry Pratchett). Y como gran narrador es capaz construir una historia de fantasía con todos los tópicos del género sin añadir nada nuevo y conseguir que el lector se sienta atrapado en la novela.

Stephen King demuestra que en la literatura no importa sobre qué se escriba, sino cómo se escribe.

Los ojos del dragón es una buena novela de aventuras para todas las edades. King utiliza la forma de los cuentos clásicos con sus elementos (los dos hermanos, el rey viejo, el consejero malvado, el tejer, la cárcel, la torre, etc.) y construye una sencilla historia de traición y perdón donde sobresale la figura de Flagg, el malvado consejero y que supone una nueva aparición de este clásico personaje de King. Flagg es una representación del mal absoluto, de todo lo malvado y podrido de la existencia y del ansia destructora por la propia destrucción.

Este novela de nuevo (como ya comenté en el caso de Legacy y salvando todas las distancias y diferencias de tono y estilo de ambas novelas) nos encontramos más con la intriga, la suspensión de los hechos y el diálogo que con la acción. Como lectores contemplamos a los personajes cómo se mueven y conspiran, piensan, ejecutan sus planes y los llevan a cabo, pero con una total ausencia de las batallas que la fantasía épica nos tiene acostumbrados. Bueno, mentira. Se hace referencia a la pelea que tuvo el rey Roland con el último dragón (y que tan imporante será para toda la historia) y la catársis final. El resto, es asistir a la maquiavélica conspiración de Flagg por destruirlo todo y a la resistencia de Peter. Y a los secretos de Thomas, claro, que en el fondo es el verdadero protagonista de todo esto.


Randall Flagg, en una de sus encarnaciones.
Un personaje fundamental para entender el conjunto de la obra del maestro Stephen King.
Una buena novela que no creo que pertenezca a la plana mayor de la obra de Stephen King, pero que se lee con gusto e interés admirándose en la habilidad del autor para el argumento, para la narración y para conducir y manipular (en el buen sentido) al lector.

lunes, 19 de julio de 2010

"La mansión Glass" de Rachel Caine. No salgas de noche.

La mansión Glass (Los vampiros de Morganville 1), Rachel Cane, ed. Versatil, 2009.

Sinceramente, esta novela no la habría leído, ni tomado en consideración, ni puesta en la lista de pendientes si no hubiera sido por una reseña que leí en el blog de Izzy, Historias de Hielo, un más que recomendable blog para estar al día de la novela juvenil que se publica en España y en el mundo. Y eso es mucho trabajo. En esa reseña dejaba esta novela por los aires y este fin de semana, aprovechando que estoy enlazando novela de vampiros tras novela de vampiro me la llevé para casa. Entre café, noche, desayuno, visita a un chiquipark con los nenes (esto lo relataré mañana en el otro blog) y sobremesa antes de caer rendido por el sueño me la he leído. Y, la verdad, tengo que estar de acuerdo con Izzy. Es una novela estupenda, entretenida y muy simpática.

Pero, ¿de qué va La mansión Glass? Claire Denvers es nueva en Morganville, una ciudad de esas en la que parece que solo puedes hacer tres cosas: sobrevivir, marcharse cuanto antes o pegarse un tiro. Tiene dieciséis años, pero al ser superdotada ya va a una pequeña universidad. Vive en una residencia de estudiantes donde unas compañeras se dedican a hacerle la vida imposible. No un simple acoso, sino la intención de matarla. Una hijasdeputa en toda regla. Después de recibir una paliza, acaba en una enorme casa, "un cruce entre Lo que el viento se llevó y La famila Munster" donde conoce a Eve, una chica gótica majísima (y uno de esos personajes que como lector querría que fuese amiga con derecho a fantasía), a Michael y Shane, dos chicos muy diferentes entre sí, pero que están más que buenos. Estos tres personajes se imponen la obligación de proteger a Claire y más después de que se enteren de que ella desconoce el secreto a voces de Morganville: es una ciudad dominada y gobernada por los vampiros. Y de los malos.

La mansión Glass ha sido una más que agradable sorpresa y puedo declarar que seguiré la publicación de los siguientes números (que según he leído constará de la friolera de doce títulos) a medida que se vayan publicando. Pero, ¿de qué historías de vampiros estamos hablando? Bueno, en mi opinión esta novela se acerca más al mundo de Kim Harrison o Lauren K. Hamilton y a toda la fantasía urbana, que a los mundos vampíricos adolescentes de Stephanie Meyer o Claudia Gray (lo que inmediatemente le da a la saga un montón de puntos a favor). Los cuatro personajes protagonistas son humanos, más o menos, y se encuentran en una ciudad dominada por vampiros donde lo único que hacen es meterse en problemas y cabrear a quien no tienen que cabrear. Naturalmente, cada uno de ellos guarda bastante secretos que se desvelarán o sólo se dejarán entrever. Aunque los cuatro personajes parten de los estereotipos que todos conocemos (la novata, la simpática estrafalaria, el machote y el etéreo), la autora demuestra una peculiar habilidad para dotarlos de cierta vida y cierta simpatía que supongo que se irá acrecentando con los siguientes números de la saga. Esto es particularmente palpable en la última página de la novela y que invita directamente a sumergirse en la segunda parte. El motivo es sencillo, nos encontramos con uno de los finales más abruptos y radicales que he leído en tiempo. No por lo que pasa, sino por la forma de acabar la novela.

Me ha gustado el ritmo, la historia, los personajes, pero, sobre todo, los vampiros. ¿Y por qué? No es que sean el colmo de la originalidad o que sea una visión nueva del mito, sino por un motivo muy sencillo: son malos. Pero malos de malos, no de malos, pero me sabe mal y no te quería morder. Aquí no encontraremos vampiros guapos con miradas de cervatillo yonqui, ni vampiros con remordimientos por beberse la sangre de una muchacha, ni amores imposibles entre una vampira y un hemofílico ni nada de eso. No, aquí son malos. Los humanos sólo son sangre con patas, si mueren qué le vamos a hacer y nosotros a la nuestra y ellos como cena. Aquí no hay romanticismo, aquí hay hambre y poder. Y secretos, claro.


Leer una novela donde los vampiros son unos cabrones resulta muy refrescante en un momento en el que el mito vampírico parecía que acabaría reducido a nuevo rey de la novela romántica, a ser un personaje misterioso, con mirada triste y quejándose todo el día de ser eterno y guapo. O ser un simpre adolescente calenturiento con colmillos. Volver a sentir el peligro del vampiro, es muy de agradecer.

Una buena lectura de veraniega, que no vacacional (porque las vacaciones hasta octubre ni verlas) y una sorpresa agradable, divertida, fresca y con una violencia muy de agradecer. Esperemos que estos factores no se pierdan en el transcurrir de los volúmenes.

martes, 13 de julio de 2010

"Legacy" de Cayla Kluver

Legacy, Cayla Kluver, ed. Roca
Legacy, Cayla Kluver, ed. Lluna Roja - La Galera

Ésta es una de esas novelas de las que esperaba más bien nada, pero que han constituido una más que agradable sorpresa. La pillé este fin de semana de la librería como trabajo de campo para ver de qué se trataba y dónde podía enmarcarla. En la contraportada había leído que se trataba de una exitosa novela fantasía y el género fantástico es uno de los que me son más afines. Así que me llevé un ejemplar a casa y empecé a leer.

Y primera constatación, esta novela de fantástico tiene poco. Bueno, mejor dicho, nada. No basta que se enmarque en un mundo imaginado para que se catalogue de fantasía porque no existe ni un sólo elemento mágico, milagroso o fantástico en sus cuatrocientas o quinientas páginas (según la edición). Así que nos encontramos ante una novela de aventuras. ¿Aventura trepidante y llena de acción? No. Segunda constatación: se trata de una novela vertebrada sobre el diálogo, sobre la intriga palaciega y sobre la elipsis de acontecimientos importantes. ¿Es entonces una novela aburrida, lenta, demasiado dialogada y sin interés? Tercera constatación: ni por asomo. Es una novela trepideante y apasionante. Pero vayamos por pasos. ¿De qué va Legacy?

Alera es princesa heredera del reino de Hytánica. Tiene diecisiete años y antes de cumplir los dieciocho debe elegir al marido que se convertirá en rey y gobernará ya que según las leyes de su reino al ser mujer, y como todas las mujeres, no puede disponer de ningún poder político real. Bueno, ni político ni de ningún tipo. Existe un pretendiente perfecto, pero al que odia y su día a día está lleno de pequeños cotilleos, paseos y largas conversaciones con su hermana. Hasta que empiezan a sucederse rumores de guerra con un reino vecino y aparece Nerian, un extraño muchacho procedente de ese reino con un confuso pasado. Naturalmente, se enamoran provocando una lluvia de intrigas, de secretos desvelados y la posibilidad de una nueva y cruenta guerra. Alera se verá obligada a tomar una decisición traumática entre sus deseos y sus deberes.

La verdad es al principio la novela se me hizo un poco cuesta arriba, no por culpa de la novela ni del estilo de Cayla, sino por mis propias expectativas ante la novela. Al publicitarse como novela de fantasía, uno espera encontrarse con razas diferentes, magia, algún que otro dragón, etc. Cuando empizo a leer me encuentro con una muchacha de diecisiete años que pasea, cotillea, habla, escucha detrás de las puertas y describe de forma minuciosa las vestimenta de cada personaje que se encuentra. Poco a poco fui desprendiéndome de lo que esperaba de la novela y a disfrutar lo que la novela me daba y me encontré con lo que he comentado antes, una apasionante novela de aventuras palaciegas llena de intrigas, secretos y mucha conversación. Y sí, también nos encontramos con batallas, peleas, escenas de acción, pero casi todas en segundo plano, en elípsis o referidas a la protagonista por alguien que ha visto u oído lo que ha ocurrido.

Y es esta forma de narrar lo que más me ha admirado de la novela de Cayla Kluver porque hay que echarle valor para construir una novela casi enteramente en diálogos y en referencias a sucesos que no se presencia en primera persona. La protagonista es Alera y la novela esta narrada en primera persona. Conocemos la historia, los personajes y las acciones por los ojos de Alera y por sus opiniones (en ocasiones sesgadas, prejuiciosas o equivocadas). Al ser princesa de un reino donde las mujeres sólo cuentan como consortes y compañeras no se le permite la entrada en los lugares reservados para los hombres, no puede discutir de política o tomar decisiones, siempre que hay un alboroto sus guardaespaldas se la llevarán, la llegada de un personaje herido acabará con la protagonista saliendo de escena para protegerala y estará a la espera de que alguien le explique qué ha pasado. Y a veces se lo explicarán y a veces no. Lo repito, hay que tener valor para tomar esta opción para narrar porque lo único que le queda Alera es la conspiración, el cotilleo, el chantaje para conseguir, o sonsacar, la información que necesita ella y que necesitamos los lectores para continuar la historia.

Lo mejor de todo es que la novela no aburre. Nada. El lector acaba atrapado en la maraña de información, intrigas, dobles verdades y dobles mentiras, falsas impresiones, prejuicios, noticias sesgadas en la que vive la protagonista. Y, como ella, al final uno no sabe de quien debe fiarse. Y qué decisión tomar. Porque desde aquí nos vamos al gran tema de la novela, el deseo o el deber. Vamos, el clásico adagio de Spiderman o de Adriano de "Todo poder conlleva una gran responsabilidad". Porque, naturalmente, Alera se enamora de quien no se debe enamorar y la quieren casar con quien no quiere casarse y no puede intercambiar a los muchachos. ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? ¿Qué decisión tomar? Y aquí vemos la gran evolución de Alera de una bastante insoportable princesita entrometida y chafardera, a una mujer responsable consciente de su papel en el mundo y su responsabilidad con los demás.

Las historias de amor están bien llevadas, conseguidas y son muy creíbles. Y se sufre. Aunque el muchacho protagonista, Nerian, no tiene ninguna de mis simpatías creo que es uno de esos héroes misteriosos de pasado turbio en el que el misterio está... está... ¡justificado! No es misterioso porque sí, ni pone miraditas de esas de preocupado continuo, ni nada de eso. Un misterio le ronda, pero es que está bien justificado. Y, la verdad, esto es un gran punto a favor de esta novela que la diferencia de todas esas en el el protagonista es gratuitamente callado, misterioso y oscuro.

Me gusta mucho el estilo tranquilo y moroso de Cayla Kluver, estilo muy deudor de la novela de los siglos XVIII y XIX con Jane Austen a la cabeza. Explica las cosas con tiempo, con calma, con todo el tiempo del mundo para los detalles, para la configuración del espacio y de los personajes, con la mesura y la calma de una persona que escribió la novela que quiso escribir alejada de las presiones de una gran editorial. Quizá en ocasiones es demasiado descriptivo y dilata demasiado las escenas, pero lo compensa un buen ritmo en los diálogos y una historia muy interesante y apasionante.

miércoles, 7 de julio de 2010

"Alas" de Aprilynne Pike. Una de hadas

Alas, Aprilynne Pike, ed. Puck, 2010
Ales, Aprilynne Pike, ed. Lluna Roja, 2010

Laurel es una chica que se ha criado toda la vida en el campo con sus padres, naturistas extremistas y antes revienta el apendice que un médico entre en casa, y que ha tenido muy poco contacto con personas de su edad. Cuando cumple 15 años sus padres deciden que eso de educarla en casa se ha acabado y se mudan a una pequeña población de California. Allí hace amigos en un plis y un chico muy guapo y más majo que se llama David se la mira y remira y suspira y la trata más que bien y no la juzga cuando ella dice ante el estupor general que come ensaladas.

Un día Lauren nota que en la espalda le han aparecido un par de bultos. Ella, que al tener toda la vida una piel fantástica y el físico de una modelo adolescente bien desarrollada, no conoce lo que es el acné ni otras afecciones cutaneas se asusta un poco. Con el paso de los días los bultos se hacen más grandes y dolorosos. Con toda lógica no habla con nadie ni va al médico ni nada de todo eso hasta que un día se rompen, eclosionan y aparecen unos hermosos y delicados petalos que asemejan alas (por un momento pensé que la novela daría un vuelco a lo Cronenberg y saldrían insectos y supuraciones y enfermedad y contagio y pasaría algo interesante). Se asusta, pero no mucho, habla con el guapo de David y tras dos o tres pruebas medicas al alcance de todo adolescente y el encuentro de un chico misterioso y apasionado descubre que no es humana. Es una hada.

Vale, no exactamente así. Es para animar un poco.

Y tiene una misión y hay unos malos y está en un triángulo y todo eso...

A ver, Alas no es una mala novela. Tampoco es buena. Sencillamente... no es nada. Ni chicha ni limoná, ni dentro ni fuera. No mata en ningún sentido de la palabra y es completamente inofensiva, incolora, inodora e insípida. ¿Acaso me ha aburrido? No, porque no llega ni a eso. Alas parece conformarse con navegar por la más absoluta normalidad entendida como ausencia de cosas que la hagan movida e interesante. Vamos, como esa sensación de mirar hacia atrás y darte cuenta de que no recuerdas nada especial que se haya eso durante ese año.

- Uh, uh, uh.
- ¿Sí?
- Tengo una pregunta.
- Dime.
- Entonces, ¿por qué le dedicas una entrada a esta novela que no te ha parecido nada y dejas en el tintero otras reseñas de otras novelas que sí te han gustado?
- Bueno, el motivo es sencillo. Porque lo que más me gustó de esta novela es que parece construida encima de los cimientos de todos los tópicos de los que se nutre la actual novela juvenil romántica. Y que reconociéndolos me rei y disfruté lo indecible.

Empezamos por la protagonista. Laurel. Como casi todas las heroínas es una desclasada. Me explico. Al igual que las jovenes instritutices de la novela del siglo XIX, estas muchachas no se encuentran en un ambiente "normal" ni tienen vidas "normales". Situación familiar complicada ya sea por muerte de uno de los padres, por separación de los progenitores o, como en este caso, adopción. Naturalmente, un misterio enorme rodea el nacimiento de Laurel; en este caso sus padres la encontraron en una canastilla delante de casa. Es nueva en la ciudad, pero enseguida hace amigos porque tiene las características básicas de la heroina:
- Es guapa.
- No solo es guapa, sino que está buena.
- Es amigable, simpática y cae bien.
- Buena estudiante.
- Y, muy importante, se considera poca cosa para que haya una escena en que o una nueva amiga o el chico guapo le digan "pero si eres preciosa".

El instituto, lugar donde la protagonista pasa muchas páginas de la novela aunque a simple vista sólo hayan dos clases: la de biologia y el final de la clase de español. Nunca es un ambiente muy definido y se reduce a mucho cuerpos y alguno que choca con la protagonista en algún momento. En Alas esto está muy acentuado porque sólo se mencionan dos clases y sólo los exámenes de dos clases. Y resulta muy curioso ver que la clase de biologia se ha convertido en un nuevo tópico de la literatura que a este paso llegará a ser tan popular como los dientes como perlas o la caballería en el último minuto. Los estudiantes se ven reducidos a sombras, menos el grupo de amigos que son sombras con nombre. Todo menos uno, el chico.

En el caso de Alas su nombre es David y es más majo. Bueno, tranquilo, paciente, de los que esperan si ella no quiere dar un beso, de los que miran y ayudan y todo eso. El típico chico con el que se puede estar toda una noche mirándose a los ojos y que te diría la frase después del primero beso, "si no estás segura no pasa nada, yo puedo esperar". Y guapo, claro. Es el único que conoce el secreto de Lauren y el que la ayuda a llegar a la conclusión de que es un hada. Como en casi todas las novelas, el momento del descubrimiento de que el amado es un bicho raro se resuelve con un "Claro, eso explica muchas cosas". En este caso que Lauren se hinchara a verdura, que fuera tan guapa, que no respirara, que no tuviera pulso ni corazón... La aceptación tranquila del elemento fantástico que rompe la verosimiltud de todo, porque si un día descubrimos que la chica que nos gusta es un ficus superdesarrollado y bueno que te cagas y que no respira y no tiene sangre sino savia y todo eso... bueno, que acojonarnos un poco nos acojonaríamos, ¿no?

Pero, claro, hay otro chico. En este caso Tamani que, naturalmente, es lo opuesto a David. Un hada macho, apasionado, fuerte, salvaje, de los que te desnudan con la mirada mientras ellos se desnudan a sí mismos, ágil, marcando abdominales, con un punto de peligro y misterio, y moreno y ante el cual la protagonista siente que se le va la cabeza y partes de su ropa.

Vamos, el típico triángulo amoroso entre la razón y la pasión, el bueno y el menos bueno que se resolverá en la siguientes partes. Ah, y para sorpresa de todos: los chicos no se soportan.

Y luego están los malos tontos y el super malo algo más listo que entrará en la vida de la protagonista como alguien normal, pero que ella identificará de inmediato como alguien del que no se fía y que le parece extraño (vamos, que de inmediato como lector atento ves una enorme flecha en el aire señalando a ese pobre tipo que acaba de aparecer y un neón diciendo malo, malo, malo). En este caso son trolls, son muy malos, muy feos (otra vez el tópico de belleza-buenos / fealdad-malos) que quieren destruir a todas las hadas y que para eso quieren comprar el terreno donde antes vivía Lauren con sus padres. Una compra llena de amenazas nada veladas, presiones, chantajes y que sólo podía leer con una sonrisa en la boca ya que me imaginaba al malo vestido de negro, con chistera y reclamando el alquiler a la pobre viuda.


La novela plantea durante cuatrocientas páginas y resuelve de forma apresurada en noventa (más o menos). No explica nada nuevo, no dice nada nuevo y no se carga nada viejo. Además, y confirmado por lo que me encontré por ahí en foros y blogs, mientras leía la historia solo podía pensar que era un encargo a la escritora para con la siguientes palabras: una saga fantástica, con protagonista adolescente mona de la muerte y que toque la guitarra y cante. Vamos, una novela para que luego Miley Cyrus haga la película (como efectivamente se rumorea que así será). Sólo así se explica que en la novela se encuentre el lector con una escenas de:

1. chica en su habitación con chico y chico dice tocas y ella un poco y él toca algo y ella no y él venga y ella bueno
2. chica triste+guitarra+atardecer+canción+miradas del chico

Esto estaba hecho adrede.
Y quien me iba a decir a mi que acabaría poniendo una foto de Miley Cyrus en uno de mis blogs.

Toda la novela no es más que una concanetación de tópico tras tópico tras tópico que no aporta nada nuevo a la literatura juvenil, solo la explotación de los temas manidos expuestos de la misma forma que siempre (incluidos la enfermedad inesperada del padre, lo del poder y la responsabilidad de Spiderman, el juego a dos bandas con los chicos, la amiga florero que solo sirve para decir que majo que es David y qué maja que eres tú, más todos los expuestos, más todos los que hay) y cuya existencia parece destinada sólo a dos objetivos: el olvido y dar razón a los que dicen que toda la literatura juvenil es igual.

Conclusión, Alas no es una mala novela como he dicho antes. Es tópica hasta decir dispara, larga, pero pasa bien, no plantea complicaciones al lector y no aburre demasiado. Eso sí, si no se hubiera escrito, en serio, no hubiera pasado nada. Que más o menos es lo que pasa en la novela.

sábado, 3 de julio de 2010

"Las verdaderas confesiones de Charlotte Doyle" de Avi

La veritable confessió de Charlotte Doyle, Avi, ed. Bambú, 2010.
Las verdaderas confesiones de Charlotte Doyle, Avi, ed. Alfaguara, 2011

Una muchacha de trece años que ha vivido siempre entre algodones que debe hacer una viaje marítimo entre Inglaterra y América para reunirse con su familia. Viajará sola amparada en su orgullo, sus prejuicios sociales y un diario que le ha comprado su padre advirtiéndole que lo leerá por entero para comprobar su sintaxis y ortografia. Una vez a bordo conocerá a una ruda y violenta tripulación y a un capitán que resume todas las bondades en las que siempre ha creído. Pero el viaje es largo, la mar, caprichosa y las cosas no son siempre lo que parecen. Y Charlotte acabará acusada de asesinato y juzgada bajo pena de muerte.

Esta es una novela que parece escrita en otra época.

Me explico, ante la proliferación de novelas de ambiente gótico y fantástico llenas llenitas de criaturas maravillosas, seres de la imaginación, grandes epopeyas y enormes viajes, de repente aparece publicada una novela que lo que hace es recuperar el sabor de las viejas novelas de aventuras de toda la vida. Charlotte Doyle nos devuelve a la boca el sabor a sal de las novelas de Stevenson, Verne, Salgari y todos aquellos que alguna vez nos hicieron soñar con la posibilidad de escaparnos de casa y enrolarnos como grumetes en un barco.

Una historia sencilla y lienal de aventuras, misterio, descubrimiento y que no es más que una de esas historias de crecimiento personal, de autodescubrimiento y maduración que nos remiten de forma directa a dos de los más grandes clásicos del género de la aventura marítimas. Esas pedazos de obra maestras que son La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson (y que, además, es una de las doce mejores novelas de todos los tiempos) y Capitanes intrepidos de Rudyard Kipling y que yo siempre recordaré por Spencer Tracy.


¿Estoy diciendo que Charlotte Doyle es igual que Jim Hawkins o que Harvey Cheyne? Como novela, no. Charlotte Doyle no es una obra maestra. Vacila, en algún momento es repetitiva y quizá depende mucho de esos modelos, pero es una buena novela de aventuras maritimas. Y esto es mucho. Charlotte Doyle es el típico personaje que evoluciona de cría caprichosa y prejuiciosa a heroina del barco. Vence sus temores, se vence a sí misma y, como siempre, descubre a desconfiar de las apariencias.

Pero lo mejor de esta novela es el barco. Es la sal. Las velas y los cabos. La estrechez de los camarotes. Las manos llenas de ampollas y duricias. El viento. La calma chicha. Los cuchillos. Las miradas de los marineros. La desconfianza. El día a día y la vida en un barco del siglo XIX con sus largas y peligrosas travesias. Para los que crecimos con los nombres de Salgari, Stevenson, May, Conrad o Verne, esta Charlotte Doyle es una pequeña joya que nos devuelve el sabor de la aventura más pura.