domingo, 29 de julio de 2012

"Deus ex machina 2.0" de Mara Oliver

Deux ex machina 2.0, Mara Oliver, Autoedición, 2012

La única superviviente del Instituto Salix Alba revivirá la masacre regresando al infierno en misión de rescate. Para reescribir su pasado tendrá que convertir su cerebro en un ordenador, su cuerpo en una máquina y su corazón en un eco que no interfiera en el destino de los muertos..., pero en un mundo lleno de hologramas, donde nada es lo que parece ser, un latido de más o un solo paso en falso pueden hacer que todo cambie, demasiado.

Una muy agradable sorpresa. Al empezar la lectura de Deus ex machina 2.0 desconocía en qué tipo de viaje iba a verme metido ya que no sabía de qué iba la historia, cuántos protagonistas había, si era fantástica o realista o mil y un interrogantes más. Así que sin ideas preconcebidas abro el libro y leo sus primeras páginas. Y de inmediato me veo atrapado en una novela juvenil de género romántico enmarcada en un mundo futurista (que no distópico, no confundamos términos) donde viajes en el tiempo son posibles, donde la robótica ha alcanzado cotas con las que solo soñamos y donde los juegos con hologramas son una aplicación en más en potentísimos teléfonos móviles y ordenadores de última generación. Y en este mundo nos encontramos con una historia clásica de amor y desamor, triángulo incluído, de supervivencia y amistad. Temas conocidos y lugares comunes que gracias a la habilidad de Mara Oliver como narradora leemos como nuevos. Porque lo que importa es el cómo está narrado lo que nos explican, no lo que nos explican.

Y, valgan todas las redundancias del mundo, me explico.

La novela parte de unos personajes protagonistas y secundarios muy conocidos para aquel lector aficionado a la literatura juvenil de vertiente romántica. Una chica atrapada entre dos formas de amor (vuelta al viejo triángulo amoroso, pero que funciona al presentar una ecuación basada en el pasado/presente - presente/futuro... lo que ha sido y lo que nos queda enfrentado a lo que somos y lo que podemos ser) que resulta creíble porque Mara Oliver mima y cuida cómo están contados y estructurados sus personajes. Lejos de ser meros estereotipos (la chica confundida - el chico responsable - el chico malo) tanto Anám como Manu como Axel resultan creíbles y se convierte en personajes reales con los que el lector empatiza, sufre y se cabrea (en mi caso con Anám por su afán de improvisación y en momentos falta de resolución). Quien sigue este blog ya sabe que no soy amigo de triángulos ya que me suelen parecer forzados y que no aportan a la historia más que confusión, pero en este caso vertebran la historia y dotan la novela de significados: el paso del tiempo, el primer amor, la incomunicación... El trío protagonista está construido con capas y capas de matices y consigue que aunque simpáticos, no sean perfectos (a Anám le falta resolución, Axel es tan bocazas que suele merecerse alguna hostia y Manu es demasiado orgulloso).

Y lo que encuentro un acierto es que la protagonista, a pesar de venir a salvar a los pocos que pueda (no viene a detener la matanza, no puede detener la matanza, pero viene a salvar a aquellos que quería) y de poseer una cualidades especiales, va humanizándose con el paso de los días. Vuelve a sentir el amor que creía recuperado y vuelve a perderse en días de ensoñación, incluso si eso conlleva olvidar su misión. Un robot sofisticado con los implantes cerebrales de una adolescente que lo siente todo otra vez, vuelve a vivir los mismos miedos, incertidumbres y esperanzas y nos demuestras que solo aprendemos de nuestros errores para cometer otros nuevos.

Igual de mimo y cuidado en el tratamiento de los personajes secundarios e igual trabajo de crearlos capa a capa con miedos y contradicciones. No hay personaje perfecto y por eso se hacen reales. Y Mara Oliver consigue eso tan difícil y lo que tanto he comentado por estos lares de otorgar personalidad a las amigas de la protagonista. En Deus ex machina 2.0 no son mera comparsa para resaltar las virtudes de la protagonistas, sino que son y se comportan como amigas (sin competición ni pelea de gatas por un chico) y son personajes con entidad y sus momentos.

Sin embargo, el cuidado con el que Mara Oliver cuida de sus personajes se desdibuja un tanto en el tratamiento del marco. La acción transcurre en el Instituto Salix Alba, lugar bien descrito y aprovechado, pero que resulta algo neblinoso cuando se refiere a los alumnos que en él estudian. En este punto creo que la novela no aprovecha ese potencial humano para disparar la emoción de una matanza de alumnos que no se puede detener. El lector siente empatía por protagonistas y secundarios, pero la masa de alumnos se pierde. ¿Es esto un handicap importante para el disfrute de la novela? No.

Al igual que no lo es alguna página de más (hablamos de una novela extensa de 400 páginas y ya sabéis lo tiquismiques que soy con las páginas) o alguna repetición de conceptos para dejar claros algunos asuntos que el lector ya los tiene, porque la historia es poderosa, fuerte, entretenida y está bien explicada. Es juvenil romántica por lo que hay escenas de cariñitos y amores, decisiones dolorosas y muchas y variadas tensiones, pero consigue no comerse el resto de la historia. La novela no es una simple colección de suspiros, posturitas de chicos, besitos y "no se qué hacer", sino que es una novela futurista de intriga con puntos de acción que revelan las buenas artes de Mara Oliver como narradora.

Aprovecha bien el marco futurista/robótico que inventa, juega bien con la inevitabilidad de la matanza que se producirá, tiene gracia con el diálogo, un vocabulario rico y trabajado, buena mano en la resolución de la escenas y con los giros argumentales. La novela respira credibilidad y verdad. Y tiene una de las escenas más brillantes y emocionantes que he leído este año y que resume muy bien el fondo de la novela; una conversación entre Axel y Anám en una cabina de disckjockey donde se habla de la fragilidad del cuerpo y el alma, de la fortaleza para superar heridas, de la belleza, la muerte, los sentimientos y la redención.

Deus ex machina es una buena y entretenida novela que da la bienvenida a una más que prometedora escritora con una historia que partiendo de elementos clásicos se revela como nueva y original. Gran dominio del lenguaje y de los tempos emocionales y con un puñado de personajes muy bien construidos. Y, además, está llena de sentido del humor y es autoconclusiva; dos de los elementos que más se aprecia y se aplauden en este blog.



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La novela se puede adquirir aquí. Y aquí la página oficial.

domingo, 22 de julio de 2012

"Chicos que muerden" de Mari Mancusi

Chicos que muerden, Mari Mancusi, Factoría de Ideas, 2012

Bastante perdido en cuestiones de qué leer después del buen sabor que me deja la lectura consecutiva  de Dragún, Dinero a mansalva y Eksile, me pillo lo primero que encuentro en la librería. Sin ninguna expectativa y sin saber qué me voy a encontrar. Algo ligero y rápido. Agarro este Chicos que muerden sin saber de qué va o qué me voy a encontrar dentro y lo llevo a casa para devorarlo en unas pocas horas y empezar a olvidarlo casi desde el mismo momento en que cierro el libro.

Dos hermanas gemelas, un equivocación y un vampiro muerde a la que no es. A partir de aquí, una carrera contrarreloj para detener la conversión mientras van creciendo las discusiones y la atracción, claro.

Primero, Chicos que muerden me ha parecido una lectura ligera, rápida y entretenida, pero poco alimenticia. Justo lo que buscaba en ese momento. Nada complicado ni muy profundo, por lo que su lectura me dejó contento. Esto no quiere decir que la novela de Mari Mancusi me parezca una buena novela o que en su sencillez y poca repercusión, sea una novela digna. No. Chicos que muerden tiene puntos de interés (pocos) y algún momento que ha despertado mi simpatía e interés (menos), pero no es una buena novela. ¿Por qué? Creo que el principal problema de esta historia es que no se defina. Al leerla no supe en ningún momento si me encontraba delante de una parodia del género vampírico juvenil o en una novela que pretendía un calado más serio.

En su primeras intención, la parodia, la novela más o menos funciona. El tema de la confusión, el vampiro que muerde a quien no quería, la mofa / homenaje al universo de Buffy (aunque la aparición de la cazavampiros sea en una escena mal construida, conducida y explicada), la propia actitud de la protagonista hacia todo lo que sucede, la demencial formula para deshacer la vampirización, el encuentro con los druidas, etc, son elementos que prometen y parecían apuntar hacia la cada vez más necesaria buena parodia del género (y que visto lo visto, al final tendré que escribir yo). El sentido del humor y el tono ligero de la novela es su mayor virtud y baza. Algunas de las reflexiones o conversación entre las dos hermanas funcionan, pero...

... el típico pero...

... la novela se resiente de una mala estructura, de una forma atropellada de plantear las situaciones y resolver los conflictos (me remito de nuevo a la escena del ataque de la cazavampiros... pobre descripción, falta de temple en la escena de acción y esa sensación de imposible y no creíble que sobrevuela cada una de sus páginas), de la ausencia total de unas mínimas descripciones para situar al lector, crear el ambiente, dotar de cuerpo al mundo. Me dio la impresión de que la autora olvidó una de las reglas de oro de la comedia: para que esta funcione hay que tomársela muy en serio. La literatura de humor es uno de los géneros más complicados y difíciles. No todo vale. La acumulación de despropósitos o absurdos no son suficientes para funcionar si no hay un armazón estructural que lo sostenga.

Y esto es lo que ocurre. Crea un ambiente paródico del género donde todo vale, donde las situaciones se dejan sin resolver, donde el absurdo campa a sus anchas, donde la resolución de conflictos se dejan en manos de esa temible trampa narrativa que es la casualidad y todo para acabar contando algo que degenera en el argumento más trillado que nos podían contar... sí, los polos opuestos se atraen, quien se pelea se desea y no es que sea borde, es que anda herido por el mundo y necesitado de mimos. Porque la novela se traiciona a sí misma y acaba por caer en terrenos serios. Y este intento de dar seriedad dramática al despropósito que se nos ha presentado en las páginas anteriores acaba arrastrando la novela hacia los terrenos de los imposible y la no credibilidad. Los personajes no aguantan el cambio, el trasfondo resulta débil y el drama, predecible y aburrido (tampoco es que haya mucho drama... todo es un conflicto de sentimientos que ya sabemos cómo se resolverá). Y esa sorpresa final que me quitó las ganas de leer su continuación... (aunque no descarto su lectura como me pille un día tonto y bajo de defensas).

Resumiendo, Chicos que muerden como comedia y parodia del género, no acaba nunca de arrancar porque juega todas sus fichas al absurdo sin estructura y al todo vale sin justificación. Y como novela de sentimientos naufraga porque su propio absurdo se carga la credibilidad de personajes y situaciones. Con todo la novela es tan breve, escueta y rápida que no da tiempo ni lugar para aburrirse y proporciona un par de horas de inofensivo entretenimiento si las expectativas están bajo cero y se van pasando las hojas rápidas y sin hacer mucho caso de lo que desfila ante los ojos. Eso sí, en el libro no hay ni enjundia, ni alimento, ni vitaminas.


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domingo, 15 de julio de 2012

"Dragún" de Ricardo Riera

Dragún, Ricardo Riera, Montena, 2012

Por fin. Después de un par de años con el ojo puesto en esta novela desde su publicación en Venezuela, llega a nuestras estanterías la primera novela de Ricardo Riera. Le tenía ganas. Porque salen dragones, porque es fantasía y porque llevo siguiendo desde hace muchos años el excelente blog de cine de terror de Ricardo, Horas de oscuridad y se quiera o no se quiera después de seis años se establece una simpatía con el autor de tantas entradas que de tanto me han servido.

La muerte de una familia, la destrucción de un reino. Una princesa en busca de venganza y de entender quién y qué es. Dragones exiliados que se están convirtiendo en criaturas míticas y humanos que desconfían de todo. Un rey que acumula poder creyendo que hace el bien y un demonio dispuesto a arrasar con todo. Un argumento que me ha recordado Howard, a Lovercraft, a ciertas novelas de la divertida serie de la Dragonlance, a la estructura de las partidas de rol, etc.

Un argumento que no por clásico funciona menos. Al contrario, la pericia como narrador de Ricardo Riera hace que un argumento conocido se lea con gusto y clase. Es la forma de explicar esta historia: aventura pura, sin caer en trampas sentimentales o románticas (el romance, por ejemplos, aparece tarde, no vertebra ni limita la historia o la protagonistas, y es muy triste) aunque el amor sea uno de los temas centrales de la historia (amor por la familia, por los recuerdos, por uno mismo y por el amigo).

El otro tema, claro está, es el viaje; el camino que emprende Lea desde la muerte de sus padres en busca de su identidad. Una humana educada por dragones con los que comparte mundo y filosofía. ¿Quién es cuando ni en el mundo humano ni en el dracónido se siente completa? A partir de aquí, de esta búsqueda de la identidad de nuestra protagonista, se vertebra la aventura. Y como he apuntado más arriba responde al modelo clásico de toda la vida: la búsqueda. Y como toda búsqueda de un objeto maravilloso, un tesoro mítico o un arma invencible, no será más que una búsqueda de uno mismo y de su lugar en el mundo.

Para mí la novela tiene dos partes muy marcadas, la primera donde Lea asiste a la destrucción de su ciudad, empieza su educación como Dragún y emprende las pruebas que la harán digna de su venganza. Acción continua, presentación de un mundo fantástico impregnado de personalidad. Quizá es una parte que peca de cierto esquematismo en la sucesión de acontecimientos (hay que ir aquí, conseguir esto, hablar con tal) y donde el personaje de Lea es demasiado de una pieza. Pero la ligera aventura marítima, el desembarco en la isla, la lucha, la presentación de los dragones y otros muchos etcéteras hace que el lector se empiece a sentir atrapado por el mundo fantástico que nos presenta Riera.

La segunda parte en la que yo divido la novela se iniciaría con la venganza de Lea y aquí es donde para mí la novela explota en todas sus posibilidades y nos enseña el estupendo narrador que es Riera. Lea empieza a dudar y con la duda llega la complejidad, los matices y los miedos. Recupera personajes que aparecían apuntados en las primeras páginas y consigue que lo que parecía que sería el típico negro se tiña de muchos grises. Y añade nuevos que resulta muy tentadores para el lector (los compañeros de viaje de Lea, por ejemplo). La novela mantiene el espíritu de aventura pura, pero añade capa de sentimientos bien explicados y entendidos, y muchas dosis de tristeza. En esta segunda parte Riera consigue hablar de muchos temas (amor, honor, recuerdos, remordimiento, poder, etc) sin que resulte didáctico o pesado, sin páginas muertas y manteniendo el interés y el buen ritmo que había conseguido en la primera parte.

Así que quedaos con el título de esta historia. Dragún de Ricardo Riera. Buena novela, gran lectura. Días de diversión y entretenimiento con una novela de corte clásico que apuesta por la sana fantasía y la aventura de toda la vida. Con sentido del ritmo, con cariño hacia todos los personajes y con mucho cariño y respeto hacia un género que desgraciadamente algunos siguen considerando menor. Ah, y pese a ser el primer título de una trilogía, la novela se puede leer como independiente ya que el argumento queda cerrado. Sí que aparecen algunos flecos, pero estos son de ese tipo que lleva a lector a imaginar qué pasará después... el jinete alejándose hacia la puesta de sol.

Entrevista al autor
Letralia 256. Ricardo Riera, "La literatura no es un juego de niños".

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domingo, 8 de julio de 2012

"La pálida luz de las tinieblas" de Erik l'Homme y "Los óscuros límites de la magia" de Pierre Bottero

La pálida luz de las tinieblas, Erik L'Homme, Edelvives, 2012
Los oscuros límites de la magia, Pierre Bottero, Edelvives, 2012

Hoy vengo a hablar de dos novelas que deforma inesperada se han ganado un puesto bastante destacado entre lo mejor leído este primer semestre del año; hablo de los dos primeros volúmenes de la serie que La Asociación. Dos novelas de magia, aventuras, monstruos, sociedades secretas, humor y romanc... no, de romance no hay NADA.

La Asociación es una organización secreta que se encarga de velar por la convivencia pacífica entre los humanos y los seres fantásticos, los llamados Anómalos. Para mantener esta paz tiene a varios agentes; jóvenes con habilidades especiales como nuestros protagonistas. En La pálida luz... tenemos a Jasper, agente en prácticas. Quince años, larguirucho, toca en un grupo de rock medieval, juega a rol y tiene un don con la magia. Ah, y le gusta mucho Ombe, la protagonista de Los oscuros límites..., una chica de dieciocho años, independiente, dura, bastante borde, con un don con los idiomas, casi indestructible y sin ganas de encontrar por estos mundos a un príncipe azul teniendo tantos vasallos con los que pasar una buena noche. En la primera historia Jasper se enfrenta a unos vampiros, en la segunda Ombe empieza teniendo que controlar a unos

¿Y por qué destaco la lectura de estas dos novelas? Vamos a ir por puntos y saltando de una a otra.

* Estamos ante dos novelas breves. Y con breves me estoy refiriendo a poco más de 150. En un momento en que parece que cada libro tiene que superar las 400 páginas y nos encontramos con novelas infladas, repeticiones, vacíos argumentales y otros etcéteras que tanto agotan la paciencia lectora, aplaudo la aparición de dos historias cortas y escritas con el ánimo de aprovechar ese corto espacio hasta sus últimas posibilidades. Porque ambas novelas son rápidas, directas, claras, nada precipitadas, bien explicadas y construidas y que van al grano. De estilo claro y enérgico, diáfano y de vocabulario rico. Presentaciones rápidas de los personajes que en cuatro trazos los hace simpáticos, creíbles y cercanos. Un ejercicio de contención que haría mucho bien a la literatura juvenil si cundiera más el ejemplo. Novelas de aventuras donde no sobra nada y donde no falta nada.

* Independientes. Pese a pertenecer al mundo de La Asociación, las novelas son independientes. Empieza la aventura y acaba. Además, cada una está explicada desde el punto de vista de cada personaje, Jasper y la estupenda Ombe, y cada uno tiene sus propios problemas. Pero la gracia estar en los puentes que se tienden entre las dos historias, los guiños que se deslizan de una aventura a otra. A Jasper le gusta Ombe (pero gustar en un sentido de físico y quererse meter en sus pantalones con ella dentro claro). A Ombe, Jasper le parece un niñato algo raro que la mira demasiado. Esta forma de estructurar las novelas hace que por separado cada una funciona, pero al leer las dos las respectivas lecturas se enriquezcan. Eso sí, van dejando diferentes flecos para que la aventura continúe en próximos números donde se empieza a advertir que todo se irá tornando más oscuro.

* El mundo. Rico, variado y con un ojo puesto en la tradición de la literatura fantástica de toda la vida, pero desde el punto de vista de una inteligente actualización. Los tratados se pueden resolver por reuniones políticas, duendes que crecer, vampiros traficantes, extrañas criaturas que viven en un lago, etc. Y todo presentado sin florituras ni páginas de más. Como en el momento de presentar a los personajes, rápido, enérgico y al grano.


* El humor. Porque ambas novelas tienen un refrescante sentido del humor en la forma de encarar el fantástico y los personajes. Dos personajes normales con alguna característica especial y en el que el trabajo les viene grande. No son perfectos (diría incluso que algo egoístas) y, por tanto, provocan situaciones divertidas y desenfadadas.

* El factor urbano. La acción pasa en París y la ciudad se huele, se siente y se vive. Con cuatro detalles, el marco se hace presente y participa en la historia.

¿Y algo en contra de las novelas? Pues no. No voy a decir que son perfectas y unas obras maestras indiscutibles, pero dentro del género al que pertenecen son buenaa novelas y cumple al cien por cien el objetivo con el que fueron escritas: el más puro y sano entretenimiento. Pertenecen a ese maravilloso grupo de novelas de novelas de aventuras que tienen como fin proporcionar un buen rato al lector, hacerle vivir una emocionante lucha contra monstruos y cerrar el libro con una sonrisa y queriendo leer más novelas de estas. Personalmente prefiero Los oscuros límites... a La pálida luz... porque la encuentro más acerada, más rápida y tiene como protagonista a la malhablada, encantadora y borde Ombe.

Resumiendo, gran sorpresa. Dos lecturas con las que he disfrutado y entretenido mucho. Literatura de entretenimiento puro de calidad con buena ediciones y buen precio. Para pasar un rato excelente. Ideal para vacaciones. Ya estoy esperando sus continuaciones.

Y para navidad, en catalán.

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martes, 3 de julio de 2012

"La última princesa" de Galaxy Craze

La última princesa, Galaxy Craze, Alfaguara, 2012

Un mundo devastado. Una princesita. Un malo malísimo que quiere matar a su familia y tomar el poder. Un huída, una revolucion, un libro apresurado, mal estructurado y mal explicado. Una mala novela.

Dejemos las cosas claras desde el principio, La última princesa me ha parecido una mala novela. Su lectura no ha llegado a molestarme ni irritarme, pero no he encontrado en ella nada que me permitiera salvar la historia o la forma de explicar la misma. En ella se atisba alguna idea interesante (sobre todo en el campamento, pero no es nada que no hubiéramos leído antes), pero todo presentado de forma descuidada y atropellada. Al leer la novela tenía la sensación de estar leyendo un primer borrador a una historia que necesitaba de mucho trabajo; en ningún momento vi en La última princesa una historia acabada. Es un prometedor primer narrador, una mala novela.

¿Por qué digo todo esto? Vamos por partes.

El marco: una Inglaterra en ruinas después de unos brutales desastres naturales. Una población perdida y empobrecida. Parece ser. Porque al leer la historia el mundo pasa de postapocalíptico a campiña ideal de una página a otra. De lugar inseguro y peligroso, a país donde dos viejecitas encantadoras pueden vivir solas. Poco desarrollado (¿qué pintan los Merodeadores en toda esta historia? ¿Y los Recolectores? ¿Dónde está el gobierno? ¿Qué opina de todo lo que se monta?) ya que parece olvidar lo que ha presentando en capítulos anteriores para crear otro futuro según las necesidades de la escritora y no las necesidades de la historia que es lo que importa.

Personajes: poco desarrollados, predecibles, tópicos. Eliza como protagonista no funciona. Se agradece el intento de crear un personaje fuerte y que no tiene miedo de ponerse en peligro, pero sus reacciones son erráticas y contradictorias. El chico de la historia es prescindible. Si se hubiera amputado la historia de amor de esta novela no hubiera pasado nada porque no es creíble ni funciona ni interesa ni aporta algo nuevo a la narración ya que rompe con cualquier credibilidad. Y mi pregunta, ¿es necesario que en toda novela juvenil aparezca una historia de amor? ¿Por qué? Hay historias en las que no funciona. La última princesa es una de ellas porque en un sentido estricto, la protagonista no tiene tiempo para ponerse mimosa con el primer ojitos de miel que aparece y menos en las circunstancias que la rodean. Y como está explicado... no hay transición entre el "pues es mono" a "no puedo ni respirar y lo amo". Un vistazo, una caza, una promesa de secretos y ya está, romance eterno al canto. Y se incluye una escena en una cabaña perdida en mitad del bosque (nuevo marco que empieza a poblar la narrativa juvenil) de vergüenza ajena.

Y el malo... bueno... no se explican sus motivaciones, su pasado, su porqué quiero destruir la familia real y coronarme como rey. Es una figura que aparece, se frota las manos diciendo lo malo que es y comete torpeza tras torpeza. Si el malo no funciona, la tensión no funciona. De los secundarios, paso. Figuras que aparecen, se les da importancia para no volver a encontrarlos. Desvaídos, meras comparsas que van apareciendo por necesidades de cubrir huecos y no porque la historia lo necesita (¿qué pinta la chica que conoce Eliza en su primera noche en el campamento? ¿Para qué dedicarle páginas y palabras para no concluir su historia?)

Estructura: errática y poco trabajada. Repito lo que digo un poco más arriba, la novela me parece un primer borrador. Ese que se escribe al calor de lo que salga y que sirve para dar una idea general de la historia, un primer armazón sobre el que luego se debe trabajar, reescribir, borrar, amputar, volver a reescribir, y reescribir, y reescribir y borrar y leer y criticar y eliminar y reescribir y... Un ritmo que se atropella desde el principio para dar la mayor cantidad de información y hechos en el mínimo espacio (la novela es muy breve, párrafos grandes y letra de tamaño generoso) acaba provocando la confusión en el lector. Y tiene uno de esos recursos narrativos que tanto me molestan; hay una dependencia extraordinaria de la casualidad. Abro una puerta y casualmente me encuentro con un personaje que estaba a cien kilómetros, conozco a alguien y casualmente me da un objeto que había perdido, me caigo y casualmente llego donde me conocen, etc. La casualidad fuerza la credibilidad y o lo justificas muy bien, o el argumento hace aguas.

Y todo explicado con un estilo pobre, repetitivo y poco trabajado. Lo que sale después del primer borrador de una historia... ese que lees a las seis semanas y se cae la cara de vergüenza y que solo sirve de acicate para hacerlo mejor. Una lástima porque la novela tiene alguna idea interesante que con un mejor desarrollo hubiera podido dar lugar a una entretenida novela de aventuras. Pero todo se queda en destellos fugaces... lo que ha llegado a las librerías es una mala novela

Ah, y es la primera parte de lo que se puede intuir una serie gracias a un innecesario y ridículo epilogo que deja incógnitas en el aire. No era necesario, la verdad.

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