viernes, 29 de marzo de 2013

"Juntos. Liberación" de Ally Condie

Juntos. Liberación, Ally Condie, Montena, 2013

--- A lo largo de la reseña revelo algunos detalles de la trama. Avisados quedáis. ---

Pues ya está.
Se acabó.
Juntos llegó a su fin.
Cassia, Ky, Xander y demás se despiden, nos dicen adiós o hasta la vista si una relectura cae dentro de veinte años. Han sido tres años conviviendo con una trilogía distópica la mar de agradable y que pese a todos sus balbuceos, su morosidad, sus repeticiones o argucias argumentales algo arbitrarias (ese personaje de Indie que no acaba de encontrar su lugar..., aunque por otra parte tiene buenos momentos en la novela), me gusta y recomiendo aunque advirtiendo siempre su condición de rara avis dentro del panorama juvenil.

¿Por qué? Porque basa todo su argumento en el diálogo, los silencios, la espera haciendo que en sus páginas, aunque pasen muchas cosas, de la sensación de que no pasa nada. La morosidad, la tranquilidad, incluso la monotonía  Esta tercera parte, por ejemplo, que parece construida casi por entero en personajes esperando ya sea una cura, una elección, a otro personajes, una respuesta o un momento de soledad. Entiendo que esto pueda tirar para atrás a algún posible lector, sobre todo si busca una novela de acción y rapidez, pero a mí me gusta. Es tranquila y se detiene en el detalle, en la construcción cuidada y meticulosa de los personajes (aunque eso provoque cierta repetición) y en su caracterización psicológica. Es agradable encontrarse con personajes que dudan, se equivocan, se arrepienten y no son perfectos (pese a que los muchachos se acerquen bastante).

La importancia de la palabra, de la poesía, del recuerdo. El valor de lo que pequeño y lo que perdimos. Las segundas oportunidades, el perdón y la confianza. Y un tono triste y melancólico que impregna toda la trilogía. Pese a un final feliz, la trilogía es invernal. Y me gusta ese final que deja algún hilo por cerrar y lo abandona a la imaginación del autor. Porque lo que importa es la libertad adquirida (por cierto, siguiendo la estela de la novela, vaya revolución más tranquila y moderada) y poder decidir qué hacer con ella más que saber qué eligen. Tres voces narrativas (en esta parte se une Xander lo que ayuda a conocer a un personaje muy desconocido pese a su importancia) que continúan con ese tono casi poético en las descripciones, el estilo pausado y una historia muy centrada en el interior de los personajes que en la acción o en aparatos pirotécnicos. Pero...

..., cierta dependencia del irritante recurso de la casualidad con su tendencia a forzar la narración para que tal personaje se encuentra con pascual y cierren un hilo, lastran un poquito la novela y restan credibilidad a un universo distópico bien construido. Al igual que la repetición continúa de los estados de ánimo de los protagonistas o la misma información dicha por los tres narradores. Y páginas sobrantes, muchas. Con un poco de ligereza creo que la novela hubiera ganado puntos.

Sea como sea, Juntos. Liberación es un buen punto y final a una buena trilogía. Ha sido un viaje agradable y se recordará con mucho cariño.

PD. Por cierto, aviso para los lectores en lengua catalana, La Galera no tiene previsto publicar la tercera parte dejando otra saga por concluir. Y ya van unas cuantas (El jurament, Blood magic, Hush hush, Ales, Skyland, Legacy...).

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jueves, 21 de marzo de 2013

"Seguros mortales" de Claudia del Moral. Tercera entrega

(pincha sobre el enlace)

- Por favor, tomen asiento.
Cerró la puerta tras nosotras y con un seguro movimiento de su brazo e indicó un par de sillones. Él se situó tras la mesa y tomó asiento. Nos miró en silencio unos segundos que se hicieron infinitos. Era un hombre muy atractivo, de rasgos afilados y masculinos. Sus ojos miel nos escrutaban. Sentía su mirada tersa, fuerte y muy masculina en mi piel, una mirada que me recordó el color de cuerpos desnudos encerrados en los baños de recintos prohibidos y al vaho que surge de un oso tras ser descuartizado. Y no dejaba de pensar que ya conocía esos ojos, que los había visto en un sueño. Un sueño que había tenido la noche antes lleno de miedo, sangre y terror, pero que concluía con un dedo sobre unos sensuales labios que me indicaba silencio. Notaba como mi respiración se hacía más nerviosa, pero conseguí calmarla fijándome en los objetos que tenía sobre su mesa. Cuatro papeles, un par de carpetas y un bolígrafo. Nada de objetos personales ni fotografías de una posible novia o esposa.
- Lo siento - esa voz -, siento el espectáculo que se han visto obligadas a contemplar en el pasillo.
- No se preocupe - dijo Darla con una sonrisa que competía en amplitud con su escote -, las dos somos mujeres solteras y yo estoy disponible. Estamos acostumbradas a tener ataques de histeria. Forma nuestra naturaleza.
- No es eso. Es un comportamiento inexcusable por parte de nuestro equipo.
- No es nec...
Con un gesto hizo algo que nadie había conseguido jamás. Ni doctores, ni anestesistas, ni pandilleros. Darla se calló.
- No, por favor. Mara es una de nuestras mejores agentes, pero en ocasiones es demasiado pasional. Se deja llevar. Así que acepten mis disculpas y espero que no se hayan llevado una mala impresión de nuestra humilde correduría. Mi nombre es Víktor, ¿qué puedo hacer por ustedes?
Y nos tendió la mano.
Darla saltó encima de la mesa y la atrapó entre sus dos manos.
- Soy Darla, y para empezar - ronroneó mi buena amiga - me gustaría que hiciera conmigo lo que la primavera hace con los cerezos.
- Creo que eso se escapa de mis competencias. ¿En qué más podría servirla? - con una enorme sonrisa y sin perder la compostura se libró de la trampa digital de Darla y me tendió la mano.
- Pues me gustaría que me tarificara de arriba a abajo de forma profunda y densa. Que no quede suelto ningún cabo, ni ningún recodo por comprobar letra pequeña por escrutar.
Víktor sonrió a Darla mientras me tendía la mano. Todo su rostro sonreía, pero no así sus ojos cuando se posaron en mí. Fue un segundo, pero me hicieron contener la respiración y tensar mi cuerpo. No sabía el motivo, pero no quería tocarlo. Percibía oscuridad en él. Suave, tentadora y peligrosa. El momento pasó y volvía a ser un atractivo hombre todo amabilidad.
- ¿Y usted? ¿Cuál es su nombre? Está muy callada.
- Se llama Derrota - intervino Darla -, y no quiere nada. Solo me acompaña. La que necesita con urgencia una cobertura total soy yo.
- Derrota. Es un nombre precioso.
Le di la mano.
- ¿Sabía que en lengua hipamani significa...
No oí nada más. Al tocarle la piel sentí como si me hubiera caído una corriente eléctrica encima. Como si toneladas de agua helada me bautizaran dejándome sin aliento, la piel aterida y los pezones clamando por arrancarse de mi cuerpo y tener vida propia. Sus ojos y su piel. Cerré los ojos porque no podía soportar semejante energía recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Y, además, sentía esa porción de mí que se encontraba sin su natural protección palpitando y clamando por algo que no sabía qué podía ser. El botón de Satán, como lo llamaba mi abuela cuando se paseaba en ropa interior por el pasillo, exigía una atención que no podía darle. Ahora no.
- ¿Se encuentra bien, Derrota?
Esa voz.

Abrí los ojos.
Ya no estaba en el despacho de Víktor. Estaba en un prado desconocido para mí. Hierba alta y del color más verde que había visto en mi vida me rodeaba. A los lejos, unas montañas nevadas destellaban al cálido sol que acariciaba mi piel. No iba vestida con la camiseta y los tejanos que me había puesto esta mañana, sino que llevaba un sutil vestido de un material que me era desconocido. Era ligero, cálido y se ajustaba a la perfección a estas molestas y generosas curvas con las que la naturaleza me había condenado. Estaba sola en el prado si no contaba los pajarillos que piaban, las mariposillas que revoloteaban y los escarabajitos que empujaban sus bolitas de heces. 
Y una cabra de pelaje negro con largos cuernos que me miraba con fijeza.
El viento me acariciaba el cabello y por primera vez en mucho tiempo me sentía en casa. El pecho me henchía de felicidad y solo quería... volar.
- No.
¿Quién había hablado? Estaba sola en el prado. A no ser...
La cabra avanzaba con su paso seguro y terrible en mi dirección.
- No - dijo la cabra -. No despleguéis las alas, majestad.
- ¿Qué?
- No estáis preparada. Seguid oculta.
- Pero yo.
- No - dijo la cabra plantándose delante de mí. Se alzó sobre sus patas traseras -. Aún no.
Y con una de sus pezuñas me golpeó en la frente.

- ¿Derrota?
Volvía a estar en el despacho de Víktor.
- ¿Qué ha pasado? - pregunté.
- Parecía que iba a desmayarse.
- No, estoy bien - tenía un dolor terrible en la frente. Me ardía como... si una cabra me hubiera golpeado -. Si tiene un poco de agua.
- Como no- dijo Víktor -. Ahora mismo vuelvo.
Salió del despacho. Darla estaba a mi lado escrutándome con esa mirada que nunca hubiera imaginado que un día me lanzaría. Ella era alegría y risas, pero cuando algo la contrariaba se transformaba en un pequeño volcán de odio. La única vez que la había visto así fue en una discusión con su madre cuando ésta la acusó de mala hija por dejarla viviendo en el asilo de las Hermanas Penitentes de la Pobreza Extrema y la Cuerda Apretada.
- Darla.
- Eres una cabrona, Derrota.
- ¡Darla!
- Era mío, sabías que le estaba gustando, que se estaba colando con la mente en mis bragas y estaba haciendo prospecciones para encontrar mi fuente de placer infinito. No eras la protagonista y has tenido que hacer este numerito.
- Darla, de verdad, no quería. Ha sido muy extraño. Me ha dado la mano y...
- Ya, lo típico, ¿verdad? Me ha tocado y he sentido una conexión especial con él y una energía que me recorría. Eres una guarra, Derrota. Siempre te he defendido, pero todos tenían razón. Eres igual que tu madre.
- ¿Qué quieres decir?
- Déjalo. Ya nos veremos en el trabajo.
- Darla, yo no quería...
Y salió del despacho dando un portazo.
¿Por qué había dicho todo aquellos? No había hecho nada para que Darla se enfadara así conmigo.¿Y por qué había dicho aquello de mi madre? ¿Qué es eso que dicen todos? No llegué a conocer bien a mi madre. Sé que me tuvo cuando era muy joven, me dejó con mi abuela y ella desapareció de mi vida para continuar su carrera como bailarina. Mandaba dinero y juguetes, llamaba de vez en cuando y siempre me decía que me quería, que yo era su princesa y que un día me llevaría a un lugar mágico donde viviríamos felices para siempre. Pero crecí, mi abuela murió al caerse de la ducha mientras intentaba coger una botella de vodka, crecí y me fui de Contrades justo el día antes que ella decidiera volver al pueblo a jugar a mamás. Luego vino París, Viena, Kuala Lumpur, muchas cartas con las que nos fuimos haciendo amigas y un estúpido accidente de jardinería que lo cercenó todo empezando por la preciosa cabeza de mi madre. ¿Qué decían de ella? Solo tenía ganas de llorar.
Se abrió la puerta y entró Víktor con un vaso de agua.
- Tenga, Derrota.
- Gracias. Pensara que soy una estúpida por desvanecerme así.
- No se preocupe.
- Es solo que...
- ¿Qué?
¿Qué iba a decirle? ¿Que el roce de su piel me había provocado la mayor sensación de dicha y felicidad de mi vida y me había trasladado a un mundo precioso? Se reiría de mí.
- Nada. Será mejor que vaya a casa a descansar.
- Le pediré un taxi. He visto que su amiga se iba y es mejor que no vuelva sola. ¿Ha pasado algo?
- No se preocupe.
- ¿Podemos dejar de decir que no nos preocupemos? Es bonito preocuparse por el bienestar de los nuevos amigos - y sonrió. Por esa sonrisa se habían erigido y perdido imperios, se habían cometido crímenes y los actos de bondad más sublimes, se había escalado el Nilo y conquistado a fuego y sangre el Himalaya.
- Estoy de acuerdo. Muchas gracias.
- Espere en recepción, por favor, tengo unas llamada que atender, pero prometo llamarla en un par de días para ver cómo se encuentra y para concretar otra cita. Pero si necesita algo, lo que sea, un seguro rápido, unas palabras, una cena a medianoche en un barco en el lago, tenga - me tendió una tarjeta -. Ese es mi número personal, llámeme.
- No sé qué decir.
- ¿Le sigue doliendo la cabeza?
- No, ya no - sí que me dolía, pero su voz mitigaba la taladradora de cachorros que tenía dentro del cráneo -. Muchas gracias por todo. Ha sido usted muy amable.
- No ha sido nada. Y a partir de ahora nos tutearemos, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
Abrió la puerta del despacho. Me levanté del sillón y salí.
- Hasta pronto, Derrota.
- Hasta pronto, Víktor.
- Y tenga cuidado con los callejones - dijo mientras cerraba la puerta dirigiéndome una turbia sonrisa y su mirada volvía a endurecerse.

El taxi me dejó en casa. Di las gracias al taxista por el viaje y el silencio. Aun estaba aturdida por todo lo sucedido ese día. El rasurado, la visita a la correduría, el desvanecimiento y las palabras de la cabra, Darla y el último comentario de Víktor. ¿Qué había querido decir con lo que tuviera cuidado con los callejones? Es que...
Pero no tuve tiempo de seguir el hilo de mis pensamientos. La puerta de mi casa estaba abierta y había un perro muerto en la alfombrilla de entrada. Sin poder limpiarme los zapatos, entré en mi hogar y lo supe antes de encender las luces.

No estaba sola.

CONTINUARÁ...

viernes, 15 de marzo de 2013

"Galácticas. Misión Amor y Misión Manga" de Sabine Both y Gerlis Zillgens

Galácticas. Misión Amor, Sabine Both y Gerlis Zillgens, Anaya, 2013
Galácticas. Misión Manga, Sabine Both y Gerlis Zillgens, Anaya, 2013

Hay libros de los que no esperas gran cosa y te sorprenden. Los dos primeros volúmenes de la serie Galácticas es de estos. Esperaba una cosita entretenida y mona, algo cursi y pasar página, pero me encuentro con dos libros muy divertidos, entretenidos y simpáticos que me han hecho pasar dos tardes la mar de entretenidas. No son la gran obra maestra desconocida, pero tampoco aspiran a serlo. Son dos novelas cómicas para lectores a partir de doce años que hablan de amor, viajes en el tiempo, superar el dolor pasado, la soledad del adolescente, las extrañas amistades y la muerte, pero en un tono ágil  desenfadado y nada moralista.

Dos chicas muy diferentes. Nina, siempre vestida de negro, Anna parece la reina de lo rosa. No tienen nada en común, ni humor, ni carácter, ni amigos. Una quiere ser mala, la otra aspira a ser perfecta. No parece que estén destinadas a ser amigas, pero un rayo inesperado, unos sueños extraños y un curso de criaturas de todo el universo para convertirse en agentes secretos lo cambiará todo. Porque ahora tienen poderes y los tienen que usar para el bien, en concreto, salvar o propiciar las historias de amor que tendrán un efecto significativo en la historia de la humanidad.

Dos novelas.

Misión amor. Presentación de personajes, adquisición de poderes (viajar en el tiempo y oír los pensamientos amorosos). Paga el peaje de ser la primera. Quiero decir, la misión en sí es algo precipitada en su desarrollo y conclusión, pero se entiende ya que las autoras no sólo tienen que presentar a sus dos protagonistas, sino también el entorno, los chicos, las familias, etc. Es simpática, algo frívola, divertida, ágil y simpática. Y bajo una apariencia de divertimento, apunta tema; la marginalidad, la indiferencia de los padres, la muerte, la presión escolar, entre otros. Sin moralizar, sin resultar pesado, sin que la narración se vea interrumpida por discursos ejemplarizantes.

Misión manga. Personajes y entorno ya presentados en el número anterior así que solo queda la diversión. Hacer que un tipo de la zona rural de Alemania y una broker japonesa se conozcan y se enamoren. Tienen poco más de cuatro días y viviendo en continentes separados. Los poderes cambian, teletransportación y hablar todos los idiomas. Se profundiza en los personajes (descubrimos, por ejemplo, el origen del mal humor y frío trato de Nina con sus padres... y no es divertido) y el entorno se enreda.

Las dos novelas publicadas de la serie Galácticas son encantadoras, de verdad. Divertidas, frescas y rápidas. Repletas de humor y buenos sentimientos. Bien escritas, con dos buenas protagonistas y un puñado de efectivos personajes secundarios (me quedo con la amiga de Nina que para seducir a un chico quiere enseñar escote... con un jersey de cuello alto) que enriquece el entorno de la novela. Son dos novelas que no están llamadas a convertirse en imprescindibles, pero cuya modestia y buen hacer se ganan todas las simpatías. No es de lo mejor que he leído este año, pero sí de lo más simpático.

Gracias a Alicia de Anaya por los ejemplares. Un detallazo.

martes, 12 de marzo de 2013

"La caída de los reinos" de Morgan Rhodes

La caída de los reinos, Morgan Rhodes, SM, 2013
La caiguda dels regnes, Morgan Rhodes,Cruïlla, 2013

Gran apuesta de SM/Cruïlla para esta temporada de primavera y Sant Jordi. Novela de fantasía épica que ha causado gran expectación por una efectiva portada y un complicadísimo y polémico reto con el que se ha descolgado SM para la promoción de esta historia y que está generado reacción bastante viscerales (aunque confieso que no me he enterado de nada hasta que no empecé a documentarme para esta reseña/opinión/comentario/tontá. Es lo que tiene vivir en otro plano de la realidad, que de la mitad de la cosas que pasan por la blogsfera no me entero).

Sea como sea, y promociones a parte que en el fondo solo es ruido molesto y lo que importa es el libro, gracias a trabajo como librero (si es que es un trabajo en el que casi todo son ventajas) me pasaron unas galeradas de la novela a ver qué me parecía. Y la leí. ¿Y qué me pareció?

Pues bien. Muy entretenida.

Tres reinos. En uno hace buen tiempo, otro es puro secano y en el último hace mucho frío. En cada uno, un gobernante que oscilan entre lo justo, lo cruel y lo manipulable. Y en cada reíno, unos protagonistas que están abandonando la adolescencia y entrando en los primeros compases de la madurez cuyas vidas se mezclaran en una espiral de conspiraciones, amores muy prohibidos, venganzas, secretos descubiertos y muchas mentira. Todo mientras la tan prohibida magia se va despertando.

La caía de los reinos es una muy entretenida novela de aventuras y fantasía épica. Para los que hemos leído mucha fantasía quizá sabe a poco y es posible que peque en algún momento de cierta ingenuidad, pero también es cierto que la historia y las relaciones que se establece entre los reinos es interesante aunque menos compleja de lo que parece a primera vista, los personajes están conseguidos aunque se tira en exceso de estereotipo, la intriga es resultona y, pese a unas escasas escenas de acción bastante mal descritas, el libro acaba ganándose al lector proporcionando unas horas de lecturas muy distraídas gracias a un estilo fluido y unas muertes inesperadas muy bien colocadas a lo largo de la trama que hacen que ésta gane en densidad.

Y, lo más importante, se quede con ganas de saber qué pasa después. Porque una de las gracias de esta novela es la sensación que me produjo de que todo lo que estaba pasando (las intrigas, los asesinatos, las traiciones, etc.) era lo de menos porque se estaba despertando un poder superior (que en esta novela aparece a pinceladas) que será lo que defina el tono de la secuela. Que nadie me entienda mal, pese a su tono algo introductorio, La caída de los reinos tiene entidad propia. Sin embargo, los hilos que empieza a mover la autor van más allá de quién es el rey de qué lugar.

Por lo demás, y quizá me repito, La caída de los reinos es una novela muy correcta y entretenida. Un buen primer capítulo que pese a sus vacilaciones, promete una continuación entretenida. Quizá el bombardeo publicitario al que han sometido a la novela le haga un flaco favor ya que provoca que las expectativas se inflen y pueda provocar más de una decepción. Es una correcta novela, con sus acierto y sus errores, con sus momentos muy buenos y con estupendos aciertos narrativos. En definitiva, muy entretenida.

Nada más, pero, y esto hay que tenerlo en cuenta, nada menos.

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viernes, 8 de marzo de 2013

"Los días que nos separan" de Laia Soler

Los días que nos separan, Laia Soler, Plataforma Neo, 2013
Primer premio Plataforma Neo/La Caixa

Abril tiene un encuentro con un chico en una biblioteca gracias  a un ejemplar de Peter Pan. A partir de aquella noche, Abril empieza a soñar que es Marina, una chica de clase trabajadora de la Barcelona de principios de siglo XX y el chico es Víctor, el hijo de una familia adinerada. Compaginar vida vivida y vida soñada no será sencillo y más cuando empiece a sospechar que esos sueños, algo más que sueños son.

No sabía de qué iba ni que me encontraría en sus página. La lectura final me ha dejado algo frío y un poco decepcionado. Aunque la empecé sin expectativas y pese a esa chirriante "referencia topográfica" en el contexto de la búsqueda de un libro, la historia se veía interesante. Pero a medida que iba leyendo me iba desinflando; demasiadas páginas para tan poca historia, lo que acaba provocando en algunas partes cierto aburrimiento.

En mi opinión, Los días que nos separan tiene demasiadas páginas y me ha producido la sensación de una historia que daba para doscientas páginas estirada hasta las cuatrocientas y que en su núcleo central cae en una repetición de los mismos diálogos, las mismas situaciones y las mismas resoluciones. Toda la parte de Marina, Víctor y Eulalia creo que se podría haber resuelto de forma más elegante sin tener que lidiar con repeticiones de casi todo (dos enfrentamientos, dos peleas, etc.) que dilatan de forma innecesaria la historia y no aporta nada nuevo. Lo mismo que ocurre con todo el asunto de los padres de Abril y su hermano; momento que en mi opinión aportan muy poco a la historia central y de los que se podría haber prescindido sin que el libro se viera afectado. Además, esta pequeña subtrama no encuentro que esté muy bien cerrada.

Dos puntos de vista en dos espacios temporales. La Barcelona del presente y la de principios de siglo XX. Dos historias que confluyen y se alimentan, pero no están equilibradas. Porque, la verdad, la historia de Abril y Leo me ha parecido sosilla y a remolque de lo que es el verdadero motor de la novela: la historia de amor y desencuentro social de Marina y Víctor. Y pese a que como he apuntado antes encuentro en ella innecesarias repeticiones, se lee con mucho interés y con ganas de saber cómo acabará todo. A pesar de algunos personajes secundarios que he encontrado algo estereotipados (la portada, la prometida, los padres), la fuerza de Marina como personaje hace que el lector conserve el interés y donde se encuentras las pistas donde se observa el pulso de Laia Soler como escritora. Eso sí no puedo dejar de declarar mi antipatía hacia el personaje de Víctor, uno de esos personajes masculinos cobardes que parecen disfrutar actuando con bajeza (todo el asunto de Eulalia, el jueguecito de la nota, esa falsa seguridad, etc.).

Y la parte de Abril y Leo, a pesar del tema de las notas, tiende a caer en espacios vacíos. Necesita los sueños para avanzar y por momentos se pierde en la divagación o en momentos como el de la Nimbus 2000 (y hasta aquí puedo leer) que no sé muy bien qué pintan hasta una resolución algo pillada por los pelos y que a puesto a prueba mi credulidad como lector. Son demasiadas cosas, los sueños, las cartas, etc. Y no me extiendo que no me apetece fastidiarle la lectura a nadie.

Detalles que me han gustado e interesado. Uno es la utilización de dos espacios temporales que enriquecen el mundo de la novela. Y, además, que toda la parte del pasado suceda con naturalidad y en ningún momento el lector sienta que está en un pasado artificial o creado a base de hemeroteca. El otro es la decisión de crear una historia romántica fuera de modas y amparándose en la historia y el realismo con ciertos toques de "magia". Casi una novela histórica que da un punto de originalidad y personalidad propia a la novela. Y Laia Soler promete como escritora. Tiene gracia y soltura, el trabajo de diálogos funciona y las descripciones están bien integradas en la narración.

En definitiva,  Los días que nos separan es una interesante primera novela que en mi opinión con menos páginas, un mayor equilibrio entre las dos historias y un último vistazo editor y corrector (la "referencia topográfica" antes citada o algún tiempo verbal no muy adecuado, por ejemplo) habría ganado enteros Eso sí, tiene los suficientes puntos de interés como para seguir la nueva carrera de Laia Soler de forma muy atenta.

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Perdidas entres páginas
Alas de papel
Sueños escritos
Palabras como souvenirs

martes, 5 de marzo de 2013

Tres novelas: "Boston", "Accidentes" y "La transmigración de los cuerpos"

Hoy voy a hablar de tres novelas que me han gustado mucho de tres de mis editoriales favoritas. Literatura de altos vuelos. Aquella que hace que se conserven esperanzas, que en algunos momentos provoca temblores de gran lectura y con las que uno disfruta en incontables niveles. Pinceladas de unas novelas que no pueden ni deben pasar desapercibidas.

Y sí, con estas editoriales ando medio vendido.

Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen, Automática editorial, 2013

El protagonista va de paseo a un lago helado, ve el fantasma de Thoreau, se cae, se da un golpe en la cabeza y a partir de ese momento la gente no deja de preguntarle si se encuentra bien, inicia sin querer una revolución, pierde su violín, se enamora y desenamora, odia y deja de odias, y busca desprenderse de todo lo que no sea necesario.

Una novela divertidísima. Un toeur de force para escritor y lector. Una sátira brutal y corrosiva de aquellos egoístas años ochenta que muy bien se puede aplicar a nuestros días. Las grandes corporaciones, el trabajo de oficina, los burócratas, literatos, ecologistas, desconocidos por las calles, estudiantes, profesores, etc., nada escapa de una mirada burlona, descreída, divertida, satírica y, en el fondo, muy triste. Boston es la historia de un tipo que quiere hacer muchas cosas, pero no se deja ni le dejan. Una voz narrativa caótica y desordenada que es reflejo perfecto del cerebro algo difuso de su protagonista. Con algunos fragmentos que me hicieron lanzar carcajadas (la "combustión espontánea" del libro es brillante) y una de las escenas de sexo más delirantes que he leído.

Y Boston solo es un ladrillo más (y nada menos) en el excelente fondo que libro a libro está construyendo Automática Editorial. Una editorial joven que apuesta por el riesgo y la literatura de calidad. Solo por este Boston, acercarnos la maravillosa La isla de Hobson o los cuentos de Danil Jarms merecen nuestro reconocimiento y aplauso.

Excelente traducción de Enrique Maldonado Roldán. Tuvo que sufrir lo suyo, el muchacho.

Accidente, Max Frisch y Uwe Johnson, errata naturae, 2013

Max Frisch escribió en sus anárquicos diarios un cuento sobre una pareja de viaje hacia España. Se pelean, se reconcilian, callan reproches, se aman y de repente tienen un accidente. Ella muere, él sobrevive. La culpa, los remordimientos, el análisis puntilloso de una relación. Escrito con continuos saltos en el tiempo, lleno de lagunas, que no son más que los mismos silencios de la pareja. Una historia tan cotidiana que se hace universal.

Años después, Uwe Johnson retoma los motivos de aquellas notas de Max Frich y escribe una pequeña novela muy biográfica sobre un escritor exiliado, el amor que siente hacia su mujer y como descubre que ella le ha engañado y que este engaño se perpetúa en el tiempo. Vuelve la culpa, los silencios, el engaño y el autoengaño. Un relato breve, pero denso, tenso, arisco y esquivo que provoca y reta al lector a una lectura concentrada y paciente. Porque el narrador no lo dice todo, calla mucho, explica la mitad y, por momentos, juega al despiste. Y es trabajo del lector saber leer un relato repleto de referencias que se escapan y capturar la historia.

Y los amigos de Errata naturae se marcan un tanto al publicar estos dos relatos en un volumen muy bien editado (lo que es normal en esta editorial, nos tiene malacostumbrados) que invita al lector a un desafío intelectual. Es un libro para aquellos que buscan algo más en la literatura que entretenimiento o enganche. No son historias fáciles. Ni siquiera agradecidas, pero el lector inquieto se verá recompensado por las propuesta de dos de los mayores escritores alemanes del siglo XX. Fascinante y que desde el mismo momento en que se cierra el libro, invita a la lectura.

La transmigración de los cuerpos, Yuri Herrera, Periférica, 2013

Dejaremos las cosas claras desde el principio: todo lo que escribe Yuri Herrera es bueno. Cualquiera de sus tres novelas, la lista de la compra o un teléfono mal apuntado en una hoja.

Leer La transmigración de los cuerpos es una deleite sensorial. Yuri Herrera captura el habla coloquial, la viveza y riqueza de la conversaciones en una novela llena de ritmo y colorido. Un encargo lleva a El Alfaqueque a iniciar un camino que lo paseará por la muerte, la enfermedad, el sexo, la vida, la culpa haciendo que su andar adquiera resonancias míticas. Además, un encargo con resonancias del género negro que me hicieron pensar en Jim Thompson y su fundamental 1280 almas no en argumento, pero sí en ese ligero tono pesadillesco (¿a alguien más le ha pasado? Y si no habéis leído la obra maestra de Thompson, ya tenéis deberes). Una novela sobre el lenguaje, sus límites y sus infinitas capacidades. Una reflexión sobre la violencia e incluso se permite una parodía de la tragedia de tintes shakesperianos y griegos. Una historia para leer con calma, degustando el lenguaje y aprendiendo a descifrar todos esos silencios que llenan la página.