viernes, 25 de abril de 2014

Pequeña crónica de otro Sant Jordi. Y van...

El despertador suena a las seis y media.
El librero abre los ojos y pienso.
Poco y lentito, que es muy temprano.
Piensa que no puede ser. No puede ser que haya llegado otro 23 de abril cuando hace nada que cerró la última caja de devolución diciendo, ya está. Pero sí, un año con su travesía del desierto que es el mes de mayo, sus vacaciones y temporada de texto, las navidades, el inicio de un nuevo año cargado de miedos e incertidumbres, los primeros atisbos de los que será un nuevo Sant Jordi y, de repente, cajas, más cajas, muchas cajas y el 23 de abril que ya clarea por el horizonte. El librero despierta a A., echa a los gatos de encima suyo y se levanta. Se despereza, una duchita rápida, vestirse cómodo y preparado para pasar un día entre sol, libros, gente y ganas de que se acabe este día tan largo.

El librero con uniforme de faena preparado para otro Sant Jordi.

Puntuales, A y él llegan a las siete y media a la Plaça de Cal Font donde cada año se montan las paradas de libros y rosas. El jefe y uno de los refuerzos para el día ya están allí. Buenos días, buenos días, ¿preparados?, no y venga, abrir la furgoneta y empezar a sacar caballetes, tablones, sillas, los plásticos por si acaso llueve, el material, los manteles. Y las cajas, claro. Las cajas. Llenas de libros. Unos tres mil cuatrocientos y pico libros movidos de una librería a una plaza para un solo día. Cerca de cien cajas llenas hasta los topes. Y horas por delante.

Sin pausa empezamos el montaje de la parada. Abrir cajas y empezar la lucha para conseguir meter tanto libro en tan poco espacio. Cada año igual. Cada año haciéndonos la promesa de que el próximo año, menos libros. Y cada año incumpliendo la promesa. Porque no solo se pueden llevar las novedades y las grandes apuestas de favoritos. También hay que llevar libros menos conocidos, lo que nos gusta, lo que queremos descubrir, apuestas personales. Y, claro, algo de cocina, plantas, ensayo, historia, sexo... Y libros infantiles y juveniles. Oferta, oferta. Muchos libros. Demasiados libros. Como todos los años. Primeros saludos. Pasa el ex superhéroe Capitán Chistorra reconvertido en el mejor máster de rol de la historia conocido por su benevolencia con los jugadores que llevan un personaje de monje mediano, oh gran Máster te respetamos y adoramos. Buenos días, buenos días, a montar que esto es un momento. Primera venta de un libro infantil cuando aún no teníamos la caja preparada, la parada acabada ni los ánimos preparados.

Poco antes de las nueve y media, parada montada.


Primero clientes, primeros curiosos.
El cielo nublado deja paso a un radiante sol que a lo largo del día irá tostando los brazos y la cara del librero dejándole al final del día un saludable color... rojo. Primera entrevista para la radio de la ciudad. Las preguntas de cada año. No, no hay ningún favorito claro para el más vendido del día. Previsiones buenas. Sobre todo que no llueva. Es un día muy especial. Que la gente salga y recorra la ciudad, mire libros, pregunté, busque y compre el libro perfecto.

La jornada discurre con la normalidad de un día de Sant Jordi. Unos cuantos en la parada, otros en la tienda. Venta de libros. Recomendación exprés. Visita de colegios. La plaza tomada por hordas de niños pequeños que con sus picudas voces taladran la cabeza del librero. Y adolescentes armados de hojas de papel realizando encuestas. Porque cada colegio ha decidido que sus alumnos atormenten a preguntas a los libreros para hacer unos trabajos. Más vendidos, favoritos, cuánto tiempo lleva preparar Sant Jordi, recomendaciones... una y otra vez las mismas preguntas hasta que el librero se las aprende de memoria y responde antes de que le formulen nada.

Poco a poco el goteo de gente aumenta hasta que la primera marea humana ataca. Y los cuatro responsables de la parada entran en un frenesí atendiendo, cobrando, aconsejando, buscando y negando. Y nuestro protagonista empieza a ser acosado por los refuerzos de parada. ¿Dónde esta...? ¿Tenemos...? ¿Te suena...? Y el librero hace ejercicio de memoria y recuerda dónde está cada libro, si está aquí o en tienda Así durante todo el día. De aquí para allá. Un libro sobre un chica que se llaman Anna. Aquí está. Un libro divertido para una chica de quince años que no encuentra nada divertido. Que pruebe con este. Un libro de fantasía que no salgan guerras, ni monstruos, ni naves, ni elfos ni nada de eso. Una mujer atractiva y pausada que pregunta si tenemos algún libro que hable de las huestes de Satán en la tierra. En la tienda preguntan por un libro de lenguaje de signos... en ruso. Un señor pregunta dónde tenemos los libros sobre Vietnam y al decir que no tenemos ninguno se indigna y empieza un discurso sobre la degeneración de la cultura occidental si Vietnam no tiene lugar en una parada de Sant Jordi. Adolescentes que preguntan por literatura erótica, pero sin muchos penes. ¿Entre Wajdi Mouawad y Federico Moccia cuál me recomendarías? ¿De verdad tengo que responder a eso? En la tienda un chica se queja de que ya ha hecho todas las posturas sexuales de los libros que tenemos en estoc y si tenemos algo un poco más... elaborado y flexible. Y gente que busca libros de García Márquez porque se ha muerto.


Abuelas indignadas que llenan de gritos, medio insultos, malas caras y amenazas al librero por no hacerle el descuento de Sant Jordi y cuando se le explica que sí lo tiene aplicado, sonríen y dicen que no pasa nada, ha sido un malentendido. Señoras que manda a la mierda al librero cuando pide un momento, por favor. Señores que tiran libros al suelo y les dan una patada para meterlos debajo de la parada. Un par de intentos de timo con el cuento de tengo un billete de cincuenta, cámbiamelo por, no, mejor que no me lo cambies, etc. Padres que niegan comprar un libro al hijo por razones que no tienen nada que ver con la literatura. Intentos de robo.

Pero también la ilusión por ese libro de cuentos que no encontraba en toda la plaza. Gracias por la recomendación. Reencuentro con jóvenes lectoras a las que has visto crecer y has contribuido a ser lo que son. Personas que se dejan recomendar. Risas. Las tres visitas de Alcalde. Amigos que pasan y desde lejos alzan un brazo. Un café inesperado. Nuevos lectores. A. en la sección infantil reinando entre el caos. Buscar un libro y encontrarlo. Perdonar la integridad física a un buen amigo que bromea con la lluvia por llevarse dos esplendidas novelas. Ver que hay tanto por leer y tan poca vida.


Pasa el día y se nota el desgaste. Malcomer un bocadillo de bacon y queso en pan gomoso mientras se responde a las preguntas de la segunda entrevista del día. Dolor de piernas, la cara quemada y la espalda cada vez más cargada. Anochece y más gente que pasea por la plaza, rebusca, mira, curiosea, desordena, encuentra, pregunta, compra, toquetea y fotografía. Y el librero a partir de las seis de la tarde entra en una vorágine de voces que lo llaman y va de aquí para allá buscando libros, recomendaciones exprés, avisando a los refuerzos de que hay un cliente que espera, intentado ordenar las pilas, haciendo breves viajes temporales para resolver alguna crisis espacial y liderando a última hora la resistencia contra la invasión de los Zotrones de la que nadie en Igualada se enteró porque bastante tenían buscando un libro a última hora y preguntando qué libro había sido el más vendido. Todo eso aderezado con ese extraño sex-appeal que emana el librero el día de Sant Jordi. Según A., es un día en el que el librero está extrañamente atractivo. El dominio de la parada, lo simpático que está y lo raro que es eso, los movimientos fluidos, una mirada intensa del que busca, encuentra y controla.

El librero en el momento justo antes de recordar dónde está ese libro con la portada azul donde sale una chica a la que le pasan cosas.

Sobre las nueve y media, empezamos a desmantelar la parada de Sant Jordi. Se devuelven a la caja los libros. Algunos títulos acabados, otros mantienen las pilas intactas. Rostros de cansancio entre los que estaban en la parada. Ganas de dejarlo todo e irse a casa. Pero hay que desmontar la parada, volver a meterlo todo en la furgoneta, ir a la tienda y descargar. Todos con los ánimos por las nubes por un buen día, pero con las fuerzas arrastrándose por el suelo. A las once, fin. Adiós, adiós, nos vemos en la cena y para casa. Una pizza, un capítulo de doctor Who, unos mimos a los gatos y a dormir. ¿Y a soñar? ¿Con qué?

Con libros, con cajas, con gente. Sant Jordi nunca acaba.

Crónica escrita mientras sonaba los My favorite things de John Coltrane y Exile on Main St. de The Rolling Stones.

domingo, 20 de abril de 2014

"El baile de los secretos" de Jesús Cañadas, "Diástole" de Emilio Bueso y "El hombre sin rostro" de Luis Manuel Ruíz

Tres novelas.
Tres buenísimas lecturas.

El baile de los secretos, Jesús Cañadas, Ajec Editores

Se ha escrito mucho sobre esta novela. La leí hace un año y pico y se había quedado en la recamara de la reseñas. A veces te encuentras con una novela de la que cuesta hacer una reseña por breve o escueta que sea. Su lectura pilla desprevenido y en el momento de sentarse y escribir, lo leído te supera. ¿Y qué me encontré con El baile de los secretos? Una partida de rol. Un mundo en peligro. Y muchos secretos, claro.

El baile de los secretos es una novela críptica, dura, exigente, excesiva, pero a la vez absorbente, divertida, terrorífica, ágil, provista de un estilo y lenguaje absolutamente brillantes y un pérfido sentido del juego y la manipulación. Una historia que no empieza sino que es la continuación de algo que llevan viviendo los personajes un tiempo. Y una partida de rol donde cada uno tiene un personaje. El lector se verá impelido a jugar esa misma partida y a leer atento para conectar ambos mundos e ir desentrañando quién es quién, la relación que tienen y todo lo que callan. Y este ejercicio me resultó muy estimulante como lector ya que obliga a una lectura atenta. Jesús Cañadas juega, y juega bien, y no escribe una novela lineal o explicativa. Es la lectura atenta del lector la que hará que la historia se engarce y crezca (y si además el lector ha jugado a rol, eso que tiene ganado. Ya sabemos que la heroína de físico imposible suele tener como jugador a un tío).

Novela de terror, de fantasía, de ciencia ficción. Historia sobre el amor, el desamor y los monstruos que ambos crean. Juego de referencias y homenajes (un mundo construido con lecturas, visiones, imaginaciones de otros mundos y otros autores) sin perder ni fuerza ni personalidad. Una lectura apasionante. Una novela terrorífica, emocionante y divertida a partes iguales. Y una excleente prueba de que con talento e imaginación se pueden encontrar otras formas de explicar las historias y dar nuevos bríos al género fantástico y de terror.


Otras opiniones
Fantasy Mundo
Planetas prohibidos

Diástole, Emilio Bueso, Salto de página

Un pintor yonki es contratado por un extraño para pintar un retrato durante cuatro noches. En esas noches, el cliente irá desgranando una fascinante historia de horror que transformará para siempre la vida del pintor.

La portada de esta novela es un enorme spoiler, así que no destapo nada si digo que en Diástole salen vampiros. Y que, además, esta novela me ha parecido una de las más interesantes novelas de vampiros que he leído en mucho tiempo. Más aún, me ha parecido una de las mejores muestras de literatura de terror que he devorado en años. Y entiendo literatura de terror no en el sentido de gore y susto fácil, si no en ese tipo de literatura que te muestra lo que no quieres ver y que lleva a lugares que luego no puedes olvidar. Entendida como destapar lo que queremos que permanezca oculto y mostrarnos las llagas.

El arte como ejercicio de vampirización. Dorian Grey y Arrebato de Zulueta. El arte que chupa vida y creatividad y el precio por una obra eterna. Un estilo brillante para la historia de dos personajes a su manera heridos y a su manera, buscando cierta redención. Una historia sucia y dura escrita con un estilo brillante que atrapa en una maraña al lector y lo conduce por una historia donde el horror se infiltra de forma muy sutil hasta un cruel desenlace. La novela se instala en el gris y en la incomodidad.

Ivan y Jerôme son dos personajes creados y explicados con mimo, sutileza y complejidad. Al igual que el estilo de Bueso. Brillante y sutil. Provisto de registro y voces. Con la capacidad de crear páginas de arrebatadora y agusanada belleza. Y mala leche, claro, al convertir las evocadoras y románticas noches blancas de Dostoievski, en un momento hermoso, pero repleto de inquietantes resonancias. El horror que de forma sutil va destruyendo y erosionando.


Otras opiniones
Fantifica

El hombre sin rostro, Luís Manuel Ruíz, Salto de página

Una novela inesperada. Un conocido me vino un día a la librería y me dijo, toma, lee. Y leí. Y puedo afirmar que El hombre sin rostro es de las lecturas más felices que he hecho este año; una novela de detectives a principios de siglo XX con su toque de ciencia ficción que puede recordar a Wells o a Verne, pero que para mí se hermana con aquel Madrid fantasmagórico y onírico de la maravillosa La torre de los siete jorobados de Edgard Neville.

Una serie de extraños accidentes que tienen toda la pinta de ser asesinatos. Un reportero sin mucho oficio ni muchas luces que decide investigar. Un grupo de científicos que trabajaban en algo secreto. Mentiras, espionaje y una arrebatadora heroína llena de recursos, inteligencia, belleza y lengua rápida. Una investigación que llevará a nuestro grupo de protagonistas por el Madrid, la Barcelona y la Galicia del principios de siglo XX.

El hombre sin rostro me ha parecido una maravilla. Repito, una lectura feliz. Una historia fascinante que aúna con naturalidad el retrato de época con la ciencia ficción. Unos personajes en estado de gracia que despiertan la simpatía del lector. Un estilo brillante, firme, rico, juguetón y rebosante de sentido del humor, de la ironía y la parodia. Una novela que se lee en un suspiro y que al cerrarla dan ganas de volver a ella.


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Dime lo que escribes

martes, 15 de abril de 2014

"El fin de los sueños" de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina

El fin de los sueños, Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina, Plataforma Neo, 2013

Dormir ha pasado a la historia en Ciudad Resurrección. Gracias a un sofisticado proceso que se creó durante la guerra, ya nadie malgasta ocho horas diarias en el descanso. Pero el cerebro humano sigue necesitando soñar. Por eso, una red controlada por el Gobierno elabora sueños artificiales, según las necesidades del inconsciente de cada individuo, con el fin de poner a punto la mente en pocos minutos.
Una misteriosa joven aparece en los sueños de dos chicos muy diferentes: Ismael es el hijo de un artesano onírico clandestino de los suburbios; Anna es una privilegiada que vive en las alturas de la ciudad, hija de una importante burócrata. La joven les suplica que la salven, que la libere de la oscuridad. Anna e Ismael se siente irremediablemente atraídos por ella, y pronto descubren que no han sido los únicos que han recibido esas enigmáticas visitas. Pero, ¿existe esa chica en el mundo real?
Solo hay una manera de averiguarlo: adentrarse en el mundo onírico, donde no sirven la leyes de la lógica y la imaginación es la única vía para sobrevivir.

Llevo días dándole vueltas a la cabeza sobre cómo encarar y hacer esta reseña. La novela de Campbell y Cotrina me ha dejado sensaciones contrarias. A la vez me ha gustado mucho, pero me ha dejado insatisfecho. Creo que explica una muy buena historia, pero a la vez no acaba de aprovechar todo el potencial que tiene entre las manos. Buenos personajes, pero a la vez se me hacían algo lejanos. Pura contradicción que ha provocado que El fin de los sueños sea una lectura estimulante y, pese un principio algo duro, muy adictiva.

¿Por dónde empiezo? La historia. Una historia de ciencia ficción sobre la manipulación de los sueños. Un mundo donde el dormir ya no es necesario, pero sí el soñar. Un muerto y lo que parece ser el inicio de una investigación criminal. En otro lugar, dos jóvenes sueñan con la misma chica y con mariposas. Inician una búsqueda. Una plaga que exterminó a miles de soñadores años atrás y que amenaza con volver. Y estas tres líneas narrativas confluyen en un único punto dando mayor protagonismo a los dos jóvenes.

Es una historia poderosa, de verdad. El mundo, la imaginería técnica, los antecedente y el por qué dejar de dormir. El tráfico de sueños y sus artesanos. Campbell y Cotrina hacen un estupendo despliegue de imaginación para dotar de sentido y credibilidad a tanto a este mundo futuro como al universo que posteriormente se desarrollará en los sueños. Y consiguen que estos últimos sean creíbles gracias a la absurda lógica interna que gobierna el mundo onírico. Con toda su belleza y su horror. Y coqueteando por momentos con el género de terror (el prólogo, por ejemplo, es un excelente cuento de horror) aunque la novela se desliza más por los terrenos de la fantasía, la aventura y pinceladas de thriller. Aunque no dejo de preguntarme de cómo hubiera sido esta novela si los autores hubieran jugado la baza de la novela de terror... algo muy enorme, seguro porque tienen la mano, la imaginación, la sordidez, dureza y talento para hacerlo.

El ambiente de la novela es excelente al igual que el germen la historia en sí. La amenaza en la sombra, los sueños, la misteriosa chica de las mariposas, los pasos que hace el grupo protagonista para llegar a ella, pero en mi opinión da la sensación de que en la historia se abrieron muchos frentes y no todos se pudieron cerrar del todo (la investigación criminal, por ejemplo. Aunque entiendo que esta se detuviera la sensación que me dejó es de algo que no terminó de encontrar su final). Pero tengo la sensación de que aunque el climax final es poderoso, no acaba de aprovechar todo el potencial de la historia y el mundo. ¿Se debe quizá a unos personajes principales bien tratados, pero algo esquemáticos? ¿A que los personajes de los adultos quedan algo desdibujados? ¿A cierta precipitación en sus compases finales? La sensación que me deja la novela es que hubiera necesitado más espacio para desarrollarse.

Eso sí, como lector agradezco mucho que los autores no hayan caído en la trampa de un romance convencional y hayan buscado otra forma de que el amor tenga su presencia en la novela. Romance que huyendo de cursilerias consigue momentos de gran calado emocional.

Pero que nadie me entienda mal. La novela que ha gustado. Creo que El fin de los sueños es una muy buena novela juvenil. Entretenida, adictiva, original y con una apuesta fuerte por la imaginación y la fantasía. No es perfecta (precipitación, personajes esquemáticos, tramas que no acaban de estar bien cerradas, etc.), pero como lector me ha resultado entretenida y estimulante. Y esto no es poco.

Otras opiniones
Nube de palabras
Perdida en un mundo libros
En un rincón de la estanteria
Alas de papel

Reseña escrita mientras sonaba el Blue Train de John Coltrane.

martes, 8 de abril de 2014

"Diez" de Gretchen McNeil

Aviso: es posible que a lo largo de la reseña destripe partes importantes del argumento, personajes o final. Si queréis leer la novela sin saber nada de ella, no leáis esta reseña. 
Visitad otras partes del blog o id a ver un capítulo de Spaced,
una puñetera obra maestra demasiado desconocida. 
Avisados quedáis. Que luego no me venga nadie quejándose de spoilers y cosas de esas.


Diez, Gretchen McNeil, Maeva Young, 2013

Una isla. Una fiesta. Diez adolescentes. Un asesino.
Y solo quedan...

Versión adolescente de Diez negritos. Se cambian a los flemáticos ingleses tomando cócteles entre cadáver y cadáver por adolescentes que coquetean ante el cuerpo aun caliente de una amiga. Pincelas de película de terror con contador de cuerpos, algo de Aun sé lo que hicisteis el verano pasado, bastante de melodrama adolescente y toneladas de aburrimiento en poco más de trescientas páginas.

 No voy a decir que Diez ha supuesto una decepción porque no esperaba nada de ella. La empecé a leer sin más expectativas que pasar un buen rato leyendo como se cargaban a adolescentes y, sí, eso me encuentro, pero mal explicado, con personajes de cartón piedra, sin sentido de la tensión y con un final pillado con pinzas que se da de golpes a cualquier tipo de credibilidad.

¿Qué en la novela de Agatha Christie los personajes también eran acartonados, algunas de las situaciones bastante inverosímiles? Sí, pero la novela original tiene un sentido de la estructura novelesca y del ritmo endiablado, además de saber crear una estupenda ambientación de angustia y paranoia. ¿Y aquí? Nada de eso. Poca sorpresa, algunos muertos y mucho suspiro por un amor que no sé si me corresponde, y es tan guapo, y me pregunto si le gusto, mira otro muerto que horror, está tan guapo a la sombra de ese cadáver...

El principal problema que he tenido con Diez es la total falta de sorpresa al seguir de forma escrupulosa la novela de Agatha Christie. Quien haya leído Diez negritos verá que Diez se dedica a seguir los pasos establecidos por la escritora inglesa por lo que adivinar quién es el asesino, la trama o el motivo para tanto muerto es sencillo. ¿En todo? ¿También conserva ese final duro, pesimista y cruel de la novela original? No, en eso no. En eso prefiere adaptarse a la "solución" impulsada por las adaptaciones al cine de la novela; un forzado final feliz que va en contra de la lógica del relato. Y si al menos el ejemplo hubiera sido la versión que en 1945 dirigió con elegancia y pulso narrativo René Clair, ningún problema, pero parece que la autora se fijó más en la versión de 1974 de Peter Collinson, llena de diálogos absurdos y un infinito aburrimiento. Y encima de esto, destruye una historia de crueldad y venganza "salvando" in extremis de la culpa a su protagonista y convirtiendo a un frío asesino en uno de esos psicópatas que solo hablan y hablan para que la casi final girl tenga la oportunidad de encontrar una salida.

Gretchen McNeil reproduce el original, cambia un par de cosas y no aporta nada nuevo a la historia de unos personajes atrapados en una casa con un asesino. Además, la construcción de las pistas que da al lector resulta bastante burda. Igual que las pistas de despiste. La sutilidad es algo que no hace mucho acto de presencia en esta novela. ¿Por ejemplo? Diálogos forzados para presentar un personaje. "¿Te refieres a aquella chica tan rara que conocimos hace unos años y a la que fastidiamos tanto?", de este tipo. O se descubre leyendo un diario que un tipo llamado Toni es muy inquietante y... oh, no... el chico guapo se llama Thomas... Para que os hagáis una idea.

Personajes acartonados. Y lo que es peor, personajes que al lector le dan igual. En las historias de terror o intriga, el lector / espectador debe empatizar y sufrir con los personajes. Les debe importar el destino de ellos. Ejemplo de cine, ¿por qué treinta y seis años después el Halloween de John Carpenter sigue funcionando? Porque Laurie y sus amigas nos importan. Porque consiguen que esos personajes nos importen, nos identiquemos con ellos y no queremos que les pase nada. Y cuando un tipo con un enorme cuchillo las persigue, sufrimos. Esto no pasa con Diez como no pasa con muchísimo cine de terror actual. Los personajes no nos importan.  Ni Meg, ni Minnie, ni T.J. ni el bulto de secundarios. Y si me da igual lo que les pase a estos personajes, mis reacciones pueden ser la risa o el aburrimiento. En este caso, fue eso segundo.

El bulto de secundarios que mueren forman una masa indistinguible. Bueno, mentira, el máximo rasgo de personalidad es ser una borde, tener el pelo de tal color, ser un tipo grande, etc. Son carne de cañón. Víctimas sin personalidad definida que solo sirve para aumentar el marcador. Lo dicho arribar, si no importan, no sufrimos. Y si además la narración es torpe, sin ritmo, sin garra y tirando de los recursos más fáciles para crear "intriga", como lector no me vi implicado en la desaparición de estos personajes.

Y el trío protagonista resulta más molesto que otra cosa porque se crea un absurdo triángulo (sí, triángulo) donde la prota Meg se debate entre rendirse a los encantos de T.J. o ser fiel a su amiga Minnie a la que también le gusta T.J. Esta tensión amorosa se prolonga a lo largo de la novela creando momentos tan absurdos como sonrisas y coqueteos ante un cadáver ahorcado, que en situaciones de peligro la prota se interrogue si le gustará al chico. Todo para acabar en unas últimas frases de novela que caen de lleno en el mayor de los ridículos. ¿Cuál? Un final feliz donde la protagonista manifiesta que pese a todo lo sucedido en ese fin de semana (asesinatos, intentos de matarla, ver como su mejor amiga muere delante suyo con una flecha en el cuello, cadáveres y más cadáveres, soledad, frío, miedo, paranoia, peligro, etc.) hay "una consecuencia hermosa". ¿Cuál? Se ha sacado novio. Tócate los huevos.

La novela acaba revelándose como una novela romántica del montón, solo que esta vez hay algunos muertos. Lo que acaba importando no es tanto la resolución de una trama de venganza bastante endeble y tópica (todo no es más que la típica historia de patito feo acosada por los populares), si no si al final Meg acabará con T.J. Los asesinatos acaban supeditados a la intriga amorosa. ¿Y era necesaria esta intriga? ¿Necesitaba esta novela una historia de amor? ¿Es obligatorio que en toda novela dos personajes se enamoren, se miren y suspiren? ¿La historia de verdad lo necesitaba?

Todo para acabar en un final tópico hasta la náusea que hemos visto miles de veces. La final girl escuchando un largo monólogo del malvado asesino que si hasta el momento se había rebelado como alguien frío y controlador, ahora muestra su lado más histriónico y estúpido contradiciendo al personaje y mostrando que la autora no ha aprendido nada de Agatha Christie. Añadiendo que la explicación que hace de los asesinatos hay que pillarla con pinzas ya que está repleta de agujeros, situaciones imposibles y extraordinarias casualidades. Y lo rematamos con el final feliz que he comentado antes.

Diez me ha parecido una novela floja, mal explicada y estructurada, previsible en el peor sentido y poco creíble. Sin ritmo y sin energía. Construida con los clichés de las historias de terror de psicópatas y adolescentes. Personajes planos y sin ninguna entidad. Una innecesaria subtrama amorosa que acaba erigiéndose como protagonista y motor y que para mí lastra un argumento que es en sí un cliché (desconocidos atrapados junto a un asesino), pero que bien llevado puede despertar muchas simpatías. Pero este no es el caso.

martes, 1 de abril de 2014

"El umbral de la noche" de Stephen King

El umbral de la noche, Stephen King, Best seller

Cuarto libro de Stephen King tras los éxitos atronadores de Carrie, Salem's Lot y El resplandor. Y primer libro de cuentos. Dicen que el mejor. Eso no lo sé porque todavía no he leído los otros. ¿Y este? Buena colección de relatos aunque nos encontramos de todo. Algunos brillantes, otros buenos, varios que están bien y algunos que provocaron que pensara, ¿de verdad creías que era una idea Stephen? Es una colección muy interesante que proporciona horas de buena lectura y algún escalofrío amen de permitir rastrear las principales influencias de un Stephen King que empezaba y que buscaba su voz personal en el relato (las sombras de Matheson, Dalh, Lovecraft, Jackson y varios etcéteras).

Y ahora vamos cuento por cuento (son veinte así que paciencia).

Los misterios del gusano. Empezamos con un homenaje a la narrativa lovecraftiana. Relato epistolar, libros malditos, pueblo con secreto y amenaza primigenia. Un relato pulcro, contenido y muy clásico que sirve como contribución de King al mundo creado por Lovecraft. No aporta ninguna sorpresa, pero es muy entretenido de leer.

El último turno. Un grupo de trabajadores limpiando un sótano. La tensión entre uno de ellos y el encargado. Muchas ratas. Relato donde se juega con varios miedos y fobias, las ratas, los espacios estrechos y oscuros, la desconfianza por "el otro". Miles de ratas y una deuda pendiente. Un relato angustioso. Le falta algo de entidad a los personajes principales, pero funciona bien. De este relato se hizo una mala película, pero de las malas, de las que no llegan ni a divertida, titulada La fosa común.


Marejada nocturna. Una epidemia a nivel mundial. Un grupo de jóvenes que se creen inmune al virus. Un accidente de coche y una muestra de crueldad gratuita. Un cuento bien llevado que deja mucho en el aire para inquietud del lector.

Soy la puerta. Uno de los relatos que más me han gustado. Una historia de pura ciencia ficción que entronca con los relatos de La dimensión desconocida y el cine de serie B de los cincuenta. Un viaje al espacio que sale mal y una vuelta a casa... acompañado. Bien escrito, con la duración justa y con una inquietud que crece hasta un escalofriante final.

La trituradora. El primer cuento que me llevo a pensar si en su momento realmente Stephen King pensaba que era una buena idea porque la historia de una maquina planchadora asesina por haber probado la sangre humana es bastante ridícula. Pero una idea ridícula puede dar un buen relato. Lástima que este no es el caso ya que todo el relato es demasiado demencial y exige demasiado al lector. En narrativa fantástica es donde la credibilidad debe ser más acusada. No todo vale. Tuvo su correspondiente mala película en 1995 dirigida por el mismísimo Tobe Hooper (¿dó quedó el pulso de La matanza de Texas o la diversión de La casa de los horrores?) con el título de The mangler.


El coco. Un tipo va al psicólogo para una única sesión para confesar que ha matado a sus tres hijos... sin tocarlos. Un relato escalofriante que explora los terrores infantiles y los miedos de la paternidad. Un personaje principal desgradable y un desarrollo que parte de esa idea tan sencilla y tan efectiva de que hay algo en el armario. Y con un final que lo entronca directamente con los cómics de Cuentos de la cripta o Creepy.

Materia gris. Historia de mutaciones y cerveza. No es gran cosa, pero es divertido y entretenido.

Campo de batalla. Divertidísimo relato de acción. Un asesino a sueldo enfrentado a una multitud de juguetes bélicos. Relato que entronca con la maravillosa tradición de juguetes asesinos como The devil doll de Todd Browning o el muñeco vudú del relato de Matheson. No digo mucho más para no estropear la diversión a nadie ni el placer de un excelente final. Existe una divertidísima adaptación televisiva de este relato en la serie Pesadillas y alucinaciones con un William Hurt pasándoselo muy, pero que muy bien.


Camiones. Los camiones de una gasolinera cobran vida y empieza a atropellar a la gente que hay por allí. Un grupo de supervivientes se encierran en un restaurante e intentan sobrevivir al acoso de los camiones. Muertes, motores rugiendo y gasolina que se acaba... No sé si es que los cuentos de máquinas con vida propia no le sientan bien a Stephen King (con la excepción de Christine), pero este es otro cuanto que no tiene mucho sentido, ni calidad, ni gracia. Vuelve a partir de una situación demasiado inverosímil (ya sé que la de los juguetitos también, pero en ella hay un espíritu de sano cachondeo y diversión que redime) con una resolución bastante tonta. Este relato fue la base para que Stephen King debutara como director de cine con una espantosa película llamada Maximun Overdrive. Decir que es mala es poco.


Años después alguien perpretó un remakeComo decía aquel, qué manera de tirar el dinero.

A veces vuelven. Buen relato. Un nuevo profesor en una nueva escuela ve como "regresan" a su vida aquellos chavales que lo acosaban veinte años atrás. No es que se parezcan, es que son los mismos. Aunque no acaba de cuadrar en la solución final, tiene buen pulso y resulta muy inquietante el nuevo acoso de estos abusones. Tuvo una adaptación televisiva que no he visto, pero que no augura nada bueno.


La primavera de fresa. Un joven recuerda los extraños asesinatos que se sucedieron años atrás cuando estudiaba en una universidad de Nueva Inglaterra. Cuento bastante tonto y previsible donde se ven demasiado las costuras de un escritor que empieza. De los que menos me han gustado de todo el libro.

La cornisa. La sombra de Roald Dalh y su Hombre del sur es alargada. Un ejemplo de lo que es un homenaje y revisión de un clásico. Un tipo por x motivos convence a otro para rodear el edificio donde están por una cornisa a más de 200 metros de altura. Tensión, angustia, pinceladas de humor negro y una paloma muy jodedora. De lo cuentos que más me han gustado. En 1985 se estreno la entretenida película Cat's Eye formada por tres pequeñas historias. Esta es una de ellas.


El hombre de la cortadora de césped. Extraño y fallido relato con criatura mitológica incluida. La idea del extraño que invade tu casa siempre me ha resultado interesante, pero tiene una resolución que creo que roza el ridículo. En 1992 se hizo una película que tomaba el título del relato, una escena y nada más.


Basta S.A. Con este cuento Stephen King demuestra que no solo puede ser un gran escritor de terror, si no que además es un estupendo escrito de relatos de humor. Basta S.A. es un excelente relato de humor negrísimo sobre una técnica radical para dejar de fumar. Muy divertido e irónico. Es otro de los fragmentos de la película Cat's Eye.


Sé lo que necesitas. Una historia de amor frustrada. Una chica siente una extraña atracción por un chico marginado. Este parece adivinar siempre lo que ella necesita para ser feliz. Una historia de amor, desconfianza, algún que otro crimen y que, la verdad, ni me convenció ni me entretuvo especialmente. Bastante anodino. La verdad es que me ha costado bastante recordar de qué iba.

Los chicos del maíz. Uno de los relatos más famosos de Stephen King y que tiene como tema central una de mis preferidos, la pareja urbanita atrapada en un entorno rural lleno de amenazas y cabrones. Una pareja llega a un pueblo donde no hay adultos. Los niños siguen un extraño culto. La huida parece imposible. Un cuento que es Stephen King en estado puro y uno de los mejores del libro. Bien explicado, angustioso y claustrofóbico pese a alguna vacilación en su parte intermedia (como el protagonista explica lo que ocurre en el pueblo está un poco pillado por los pelos) y que no acabe de ser redondo del todo. Origen de una larga, y cada vez peor, saga de películas que allá en los ochenta tuvo bastante popularidad. El primer título tiene más fama que calidad, pero es bastante entretenido a trozos pese a que ha envejecido bastante mal. El resto, mejor olvidarlo.


Y una duda, ¿había visto Stephen King el año anterior el películón de Chicho Ibáñez Serrador ¿Quién puede matar a un niño? y se inspiró en ella para estos chicos?

El último peldaño de la escalera. Un buen relato. La historia de dos hermanos, un momento de angustia que compartieron y la progresiva disolución de su relación. No es un relato de terror. Nos vamos de lleno al drama.

El hombre que amaba las flores. Un hombre joven camina por la calle a buscar unas flores para su amada. La gente reconoce y comparte ese amor que parece destilar el desconocido. Pero las apariencias engañan. Un cuento bastante flojo y previsible en su "sorpresa" final.

Un trago de despedida. Regreso a Salem's Lot y regreso al terror más clásico. Los parroquianos de un bar ver interrumpida su tranquila noche por un hombre que pide ayuda: su mujer y su hija están atrapadas en la nieve en el cruce que lleva a la ciudad de Salem's Lot. Buen cuento de vampiros de aire clásico.

La mujer de la habitación. El relato que cierra el libro. Un hijo ante su madre enferma y una difícil decisión. Un cuento bastante anodino para acabar el libro y que cae de lleno en el melodrama. Para mí, ningún interés.

El umbral de la noche es una correcta colección de relatos en la que en mi opinión destacan aquellos con más sentido del humor o donde el homenaje a formatos como La dimensión desconocida o los cómics de terror es más evidente. No tiene una estructura definida o en ellos un nexo común, pero en su conjunto resulta muy entretenido pese a la variabilidad de la calidad de los relatos. A Stephen King creo que le sienta mejor la larga distancia de la novela para que sus historias y su universo se expanda que el relato ya que en algunos de ellos se notaba que con más hubiera sido mejor (el ejemplo de Los chicos del maíz es perfecto ya que es una buena idea que hubiera necesitado más espacio para crecer). Sea como sea, una buena y entretenida lectura.