domingo, 30 de noviembre de 2014

"Pánico al amanecer" de Kenneth Cook

Pánico al amanecer, Kenneth Cook, Seix Barral

Esta novela ha sido una de las mayores y mejores sorpresas que ha deparado este año lector. Una lectura totalmente inesperada (vi que un cliente la había pedido, ojee el libro cuando llegó y pedí uno para mí) y que me ha deparado una de las mejores tardes de este año. Una novela seca, ácida, cruel y con un negro y soterrado sentido del humor.

John Grant es profesor en una zona perdida de la Australia profunda. Llegan las vacaciones y solo quiere pasar seis semanas en las playas de Sidney. Pero para llegar a su destino tiene que hacer una parada en Bundanyabba, una ciudad ahogada por el calor, el polvo y los desconocidos amables. En el momento en que Grant decide salir del tomar a buscar algo de cenar, empieza un descenso directo al infierno.

Un infierno al que nadie conduce o guía, porque ese descenso a unos días perdido y cada vez más hundido está empedrado con todas y cada una de las malas decisiones que toma un protagonista imbuido en una enorme soberbia en su trato con estos "pueblerinos". El saberse intocable y, de repente, en un momento perderlo todo y no poder (o no saber) hacer nada.

Pánico al amanecer es una novela breve (no llega a doscientas páginas), directa y que no se anda por las ramas. No se entretiene en largas descripciones porque juega una baza más interesante, la sensación. La novela está narrada en una tercera persona, pero siempre desde el punto de vista del protagonista. Esto hace que todo pase por sus ojos, por su mente. Y sus épicas borracheras, donde la realidad se confunde y fragmenta, son nuestras borracheras como lector. La ambigüedad, el recuerdo difuso, la pérdida de referentes. El lector entra en la misma pesadilla que el protagonista y se encuentra igual de perdido que él. Solo puede confiar en un paso más y rezar por salir de este percance. Una situación que si se mira fríamente es dura, pero no desesperada, pero que las decisiones del protagonista conducen a una situación que parece no tener salida.

Como ya he comentado, la novela apuesta más por la sensación que por la descripción. En pocos libros he notado de forma tan clara y palpable el calor, el polvo en la cara, el humo de los cigarrillos, la aspereza de la garganta pidiendo líquidos. Todo esto gracias a un estilo conciso, limpio, directo, de palabra justa. Sin florituras ni adornos porque la historia no lo pide. Y haciendo que el paisaje, el entorno, la gente, los bares y calles, sean imprescindibles para entender la historia.

Una historia violenta sin que haya momentos de violencia explícita o siquiera momentos violentos (a excepción la brillante escena de la caza de canguros, un ejemplo maravilloso de "sensación", y de excelente escritura), de paranoia constante por una invisible amenaza aunque todo aquel que rodea al protagonista es amable, de fatalidad y vacío existencial. Y, además, una fina ironía, un uso adecuado de un humor negro y sardónico que puntea la experiencia de su protagonista.

Una novela brillante que creo que hay que leer a ciegas sin saber qué vamos a encontrar. Perderse en las calles polvorientas y sentir la misma sed que el protagonista.



Las imágenes corresponden a la adaptación la novela y que no he visto. 
Eso es algo que remediaré muy pronto.
Wake in fright, Ted Kotcheff, 1971

Del mismo autor recomiendo de forma efusiva los tres libros de relatos que ha publicado Sajalín. Brillantes, divertídisimos y excelentemente escritos. Un retrato fascinante de Australia y su fauna (humana y animal) escritos con maravilloso pulso y mejor humor.


Otras opiniones
Escrito en el viento
Un pickwickiano en Blandings
Strange library

martes, 25 de noviembre de 2014

Un pequeño descanso

Con las dos reseñas anteriores llegamos al ecuador del reto. Buenos, casi. Treinta reseñas de sesenta y una. Desde septiembre embarcado en un proyecto demencial de ir encabalgando una detrás de otra "lecturas obligatorias" me apetezcan o no. Y se descubren un par de maravillas, muchas medianía y alguna lectura que es una caída total en brazos de la locura y la demencia. Y después de treinta libros llega el momento de un pequeño descanso. Tomarme quince días para leer lo que quiera.

Sé que algunas personas no lo verán con buenos ojos y pensarán que no es una buena idea (¡hola, Jordi!), pero lo necesito. De verdad. Lo necesito. Necesito unos días de libertad para elegir lo que quiera, reseñar lo que me de la gana y dejar a un lado The host de Stephanie Meyer (que es lo que estoy leyendo ahora y... ¿por qué es tan largo? ¿Por qué tanto relleno si con un cuarto se explica lo mismo? ¡Por qué?). Necesito unos días de descanso porque me estoy convirtiendo en mala persona. No duermo bien, estoy irritable, de mal humor y con ganas de salir a la calle en calzoncillos, con un machete y proclamando que vienen los Grandes Maestros.

Así que paro y me pongo a leer otras cosas




para volver dentro de quince días al reto con ganas de pasarlo bien, fuerzas y sentido del humor. Espero que lo entendáis.

domingo, 23 de noviembre de 2014

"Cuando los árboles hablen" de Laurie Halse Anderson y "Los renglones torcidos de Dios" de Torcuato Luca de Tena

Dos reseñitas más del reto
Y dentro de muy poco, llegamos al ecuador.

Cuando los árboles hablen, Laurie Halse Anderson, SM Ediciones

Sabéis que no soy de novela juvenil realista debido a todas esas lecturas obligatorias de instituto donde me cargaron de adolescentes enamoradas de su profesor de matemáticas, traumas por el divorcio de los padres, porque la chica guapa no hacia caso al protagonistas, cierta condescendencia por parte de los autores y esas moralinas explícitas de que las drogas son malas y vigila con los amigos que van en moto. Ya sé que no todas son así, pero el prejuicio me puede. Y por eso agradezco tanto que aparezcan en mi vida lectora novelas como ésta, aunque sea por medio de un reto, para reconciliarme un poco con la novela realista. 

Un suceso hace que Melinda se instale en el silencio. 
No puede hablar. No puede comunicarse. Está sola. Y tiene que aprender a (mal)vivir con ello.

Cuando los árboles hablen es una buena novela realista juvenil. Dura, directa, sensible, con un buen uso del símbolo y la metáfora, con una protagonista creíble en sus sentimientos y acciones. Un dolor íntimo que conduce a Melinda a decisiones coherente con su estado haciendo hincapié en el silencio y en un estado cada vez más alejado de la realidad. Y al igual que con la novela Frío, la autora consigue tocar un tema serío y dramático sin caer en la condescencia, el melodrama o el victimismo. 

Cuando los árboles hablen no es una novela tan intensa y ambiciosa, tanto en fondo como en forma, como Frío y no consigue despegarse de cuatro o cinco tópicos en el ambiente de la protagonista y algunos de sus personajes son excesivamente esquemáticos (aunque adecuados para la mirada difusa y angustiada de la protagonista), y quizá tenga un final algo precipitado, pero el viaje de Melida es creíble e intenso. Y el lector se siente totalmente sumergido en la angustia de la protagonista y en su doloroso silencio.


Otras opiniones
Melodías entre líneas
La duermevela del visionario

Los renglones torcidos de Dios, Torcuato Luca de Tena, Planeta

Long-seller famoso y muy conocido. Novela que lleva treinta y tantos años por las librerías y que sigue encontrando lectores entusiastas. Una novela que sigue las andanzas de Alice Gould, ingresada en un manicomio por paranoia, y que juega a ir montando y desmontando continuamente la verdad y difuminando las fronteras entre la cordura y la locura.

Primero, la pregunta más básica, ¿me ha gustado? Aún no lo sé. Porque basculo entre una escritura pulcra, correcta y elegante y un argumento que se me antoja artificial y poco creíble. Entre el retrato de los internos del sanatorio consiguiendo hacer vívida y real su historia, y un tono que no ha aguantado bien el paso de los años y que hacen que la novela se me antoje anticuada (y que queda a años luz de escritores contemporáneos como Delibes, Martín Santos, Cela o Matute). Entre un buen retrato psicológico de su protagonista (pese a idealizarla en más de una ocasión) y ese tufo monárquico católico conservador que convierte partes de esta novela en páginas panfletarias y de tesis. Entre el interés que me despiertan algunas páginas y el aburrimiento que me producen las que siguen.

¿Entonces? Los renglones torcidos de Dios me parece un correcto y entretenido best-seller de época (interesante en la parte "médica", pero débil e inverosímil en su parte de intriga policíaca) que ha quedado bastante anticuado y al que el paso del tiempo le ha hecho mucho daño rebelando debilidades, costuras y dejando tras de sí un aire algo rancio. Entretenido, sí, pero me quedo con una sola página de Delibes, mejor escrita, más moderna y consistente, que con toda esta novela. ¿La recomiendo? Sinceramente, me cuesta mucho, aunque no es mala.


Otras opiniones
Melodías entre líneas
Entre libros anda el juego

viernes, 21 de noviembre de 2014

"Buscaré el océano" de Carrie Ryan

Buscaré el océano, Carrie Ryan, Montena

Esta reseña puede contener spoilers.

Hace dos años y medio (más o menos) hice el intento de leer esta novela. No conseguí pasar de sus primeras cien páginas. En aquel momento lo achaqué al cansancio que produce el final del curso escolar con su marabunta de alumnos a la caza del cuaderno de vacaciones. La dejé diciéndome que en un futuro volvería a intentar su lectura. No lo cumplí y me olvidé completamente de esta novela.

Hasta que monté una especie de reto y alguien con buena memoria recordó mi intención de volverla a leer. Propuso, se votó, salió elegida y me fui a la biblioteca a buscarla. Le he leído y...

El cansancio no tuvo nada que ver. Si no acabé de leer Buscaré el océano no fue por mí, si no por ella. Esta novela es ridícula. Un ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer para construir una novela de zombis, juvenil o romántica. Como agarrar por las solapas una idea que a priori puede ser interesarse y cargársela de arriba a abajo por meter una trama inconsistente, unos personajes errantes (y no me refiero a los zombis) y a una protagonista equivocada que es suma y resumen de todas esas características que tanto odiamos en las heroínas de novela juvenil romántica paranormal; egoísmo, bipolaridad, crueldad, ausencia total de empatía, un orden muy difuso de las prioridades, complejo de superioridad y ese irritante complejo de "patito feo" en las cinco primeras páginas que desaparece para verse acosada por dos guapos, ser la parte central de una intriga que los pondrá en peligro a todos, guardiana de secretos y, sí, alguien que de repente es muy especial.

La idea germen de la novela no es mala. Una comunidad cerrada al exterior por una amenaza controlada con mano férrea por una comunidad religiosa y una joven con ganas saber qué secretos encierra el mundo que ha conocido y si más allá del bosque y los condenados (como se llama a los zombis) hay algo más. Vale, no muy original, pero podría haber funcionado.

Pero no lo hace. ¿Y por qué? La culpa de todo es del amor. Me explico. Carrie Ryan quiere escribir una novela romántica. Y quiere dejar claro que es una novela romántica. Por tanto mete amor, romanticismo, miradas y sentimientos en todas las páginas de la novela y construya la historia como un culebrón de sentimientos aunque sea a costa de forzar argumento, personajes y credibilidad. Porque la novela no es un relato de supervivencia, de sociedad, retrato de personajes ante la adversidad, etc. Ni siquiera es una exploración de si tienen sentido los sentimientos en un mundo que parece abocado a desaparecer. La novela se reduce a que Mary quiere a Travis, y Travis quiere a Mary, pero se casará con Cass, pero Cass quiere a Harry que va a casarse con Mary. Y sí, salen zombis que matan y comen a familiares y amigos, pero siempre en segundo plano, como decorado y fondo. Lo importante son los ataques de celos en plena huida porque Cass le da la mano a Travis. Los sentimientos encontrados de la protagonista porque la van a casar con quien no quiere y su acto de rebeldía es imaginar que su amor viene a buscarla. Los momentos ridículos en que dos miradas se cruzan en plena matanza y sangría y la protagonista malgasta momentos en imaginar los besos del chico punteando su muñeca.

Todo esto va en contra de la credibilidad de la novela. Hace que los personajes resulten ridículos y las situaciones forzadas. Ejemplo de esto es la segunda parte de la novela, una huida de un pueblo dominado por los muertos, en la que se reunen los que parecen los únicos supervivientes de la matanza. ¿Quiénes son? Los cuatro amigos, el hermano de la protagonista y su cuñada. De centenares de personas, solo los que están íntimamente relacionados con la voz narradora. ¿Por qué? ¿Hay una justificación? No, lo que ocurre es que hay una pobreza alarmante de personajes y la autora juega la baza de seguir explotando el cuarteto amoroso y la tensa relación entre hermanos. No ha sido capaz de crear una verdadera sociedad más allá de la primera descripción ni hacer que ese pueblo nos importe.

Y si el qué no funciona, el cómo es terrible. Una novela construida en la repetición continua de la misma información de forma machacona y cada dos capítulos. Una y otra vez se nos dice que los padres de la protagonista se han convertido en zombis, que está enamorada de Travis (sentimentos, por cierto, que nacen, crecen e incendian el pecho de la prota en una página y media), que la comunidad guarda secretos, que no quiere a Harry, que su madre le hablaba del océano, etcétera. Una vez y otra y otra y otra durante toda la novela. Se detiene en momentos que a la larga no aporta nada a la novela, pero otros los pasa por alto en un párrafo aunque eso supongo un salto de meses y un importante vacío de información. Lentitud y precipitación en un mismo paquete.

Buscaré el océano no es una buena novela. Ni siquiera es un buen borrador. Desaprovecha ideas, situaciones, personajes y potencial en nombre del amor y de que una protagonista irritante cumpla sus sueños. Aunque eso lleve a la muerte y la destrucción a todos aquellos que la rodean.

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Volando entre lo prohibido
Alas de papel
The books of Misao

miércoles, 19 de noviembre de 2014

"Los 100" Kass Morgan y "Las sucias calles del cielo" de Tad Williams

Dos novelas más del reto. Y quedan... aun quedan muchas.

Los 100, Kass Morgan, Alfagura

Cien jóvenes delincuentes han sido seleccionados para participar en la misión de control para recolonizar la Tierra. Son chicos y chicas de edades y procedencias distintias, algunos peligrosos, otros, ahora en peligro. Tras un brutal aterrizaje, los cien llegan a un maravilloso y salvaje planeta que solo han contemplado desde el espacio. Se cree que la atmosfera terrestre es tóxica e inhabitable. Ha llegado el momento de averiguarlo.
Mientras se enfrentan a los peligros de este mundo desconocido, los cien tratarán de formar una comunidad, pero si quieren sobrevivir tendrán que aprender a confiar los unos en los otros, e, incluso, deberán dar al amor una segunda oportunidad, otra vez.

Fallida por casi todos lados. Parte de una idea interesante (la primera exploración de la Tierra tras una catástrofe para ver si cumple las condiciones idóneas para su posterior repoblación), pero en seguida se convierte en un batiburrillo de influencias mal ensambladas (Los juegos del hambre, El señor de las moscas, las secuelas originales de El planeta de los simios, Perdidos, manuales de los Jóvenes Castores de superviviencia, etc.) que convergen en una historia desestructurada, esquemática y con un grave problema de cronología interno.

Ignoro si la autora quería poner en práctica la idea de que el tiempo es relativo, pero en Los 100 no tenemos ni idea de cuánto tiempo pasa. Da la sensación de solo han pasado unos días, pero hablan de semanas. Los personajes comentan que tienen recursos para semanas, pero a los dos capítulos dicen que no tienen ni para una, para volver a hablar de semana. Pasan pocos días, pero los personajes se comportan como si llevaran meses en su nuevo hogar. Mientras tanto, en el espacio, las acciones de esos personajes parecen no casar con lo que sucede en la Tierra, y en principio es narración paralela. Un caos, vamos, que para mí desmonta todo el entramado narrativo.

Personaje planos y estereotipados y, pese a llamarse Los 100, nunca sabremos la vida de más un puñado de estos por lo que la novela podría pasar a titularse La docena sin problema. Se habla de unión, de grupo, de comunidad, pero en ningún momento eso se percibe al leerlo. Están los cinco protas, algunos satélites, un poco de bulto y la nada infinita. Además, se cae en eso tan irritante de darle mucha más importancia a los posibles problemas amorosos de los protagonistas (pasados comunes, nuevas atracciones, viejas atracción, besitos entre los árboles, un par de triángulos amorosos, etc.) que al desarrollo coherente del argumento. De nuevo forzar los amores, se carga la novela.

Y una curiosidad, ¿dónde cagan y mean estos personajes? Porque es algo de lo que no se habla. Y son cien personas con sus necesidades y, seamos sinceros, eso en un paraje hostil es un problema serio que demanda una acción inmediata si se quieren evitar enfermedades o que el paraje se vuelva inhabitable. Podrá parecer una tontería, pero es uno de esos detalles que acaban marcando la diferencia si quieres dotar de un mínimo de realismo a la propuesta.


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Fiebre lectora
Papel y letras

Las sucias calles del cielo, Tad Williams, RBA

Bobby Dollar es un ángel que trabaja de abogado de almas atrapadas ente el Cielo y el Infierno. Un día las almas empiezan a desaparecer y ni "Arriba" ni "Abajo" saben nada. Añade la instrucción de un ángel nuevo, un enorme monstruo que quiere matarle, una demonio demasiado atractiva y la burocracia del Cielo entre otros asuntos no hacen de esta la mejor semana para nuestro protagonista.

Las sucias calles del cielo me ha parecido una muy entretenida novela de fantasía y un perfecto divertimento para distraer unas horas. Mezcla de novela clásica negra y fantasía (el protagonista, por ejemplo, parece un buen cruce entre Philip Marlowe, John Contastine y Harry Dresden, pero con personalidad propia), se nos presenta un mundo complejo y en equilibrio entre las fuerzas del Cielo y la Oposición. Lo interesante es que este mundo esta dominado por las convenciones, los tratados y una férrea burocracia que como todas, ahoga más que ayuda. Buena historia de investigación, buenas escenas de acción y buenos personajes secundarios (aunque  resultan muchos más interesantes los "malos" que los "buenos", como pasa siempre, vamos). Y mucho humor, lo que se agradece mucho.

Al principio me costó entrar en el mundo que nos proponía Tad Williams al ir deteniendo cada tanto la narración para explicarnos como es este universo fantástico lo que en cierta manera ralentiza la lectura. Entiendo perfectamente que se haga así; es un mundo fantástico en el que entramos sin referentes y sin conocer todo el complejo entramado que lo sustenta, pero por momento rompe el ritmo de la novela.

Una buena y entretenida historia. Quedo a la espera si en algún momento se llega a publicar su continuación.


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Fabulantes
La espada en la tinta

lunes, 17 de noviembre de 2014

"Sin salida" de Pamela Clare

Sin salida, Pamela Clare, Phoebe

Argumento tomado de la contraportada del libro.

A pesar de no tener motivos para continuar adelante desde que el huracán Katrina le arrebató a sus seres queridos, Natalie Benoit se da cuenta de lo mucho que ama la vida cuando, en el trascurso de un viaje organizado por la Asociación de Periodistas, es secuestrada por los Zetas, un cártel mexicano relacionado con el narcotráfico y la muerte de mujeres en Ciudad Juárez.

Zach McBride arriesga su vida todos los días; su trabajo para el Gobierno consiste en atrapar a los criminales que operan a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Pero es traicionado, y termina en manos de los Zetas que, convencidos de que le ha robado un aligo de droga, empieza a torturarlo brutalmente.

Cautivos de los Zetas, el destino hará que Zach y Natalie se vean obligados a aunar sus fuerzas: primero para escapar, y después para desentrañar una red de narcotráfico y blanqueo de dinero que afecta a importantes personalidades, tanto en México como en Estados Unidos.

¿Serán capaces de hacerlo sin sucumbir a la incontenible pasión que surge entre ellos? ¿Conseguirán superar no sólo a sus perseguidores, sino también aquellos miedos que les obligan a llevar una existencia a medias?

Con esa portada y este argumento, Sin salida era una de las novelas que más me apetecía leer de todo el reto. Intuía un par de tardes de puro entretenimiento y diversión acompañado de la que dicen es una de las mejores autoras de literatura romántica. Además, hasta ahora no había leído nada de thriller romántico. Ir a la biblioteca, pedir la novela y leerla. Y sí, me ha gustado, me ha entretenido y me lo ha hecho pasar muy bien. Por lo menos en sus dos primeros tercios, el tercero... bueno...

¿Qué me he encontrado? Una novela romántica. Protagonista casi perfecta, protagonista que es perfecto. Dos seres heridos que se encontrarán, se enamorarán, vivirán sus peripecias adornadas de elegantes escenas de sexo para acabar en un trepidante final que dará paso a un final feliz. Cuando un lector abre una novela de estas características ya sabe qué se va a encontrar. No hay sorpresa. Lo que podemos esperar es el cómo nos van a explicar una historia que ya conocemos. Los detalles, los meandros de la historia, los atajos. Y todo eso lo domina muy bien Pamela Clare.

La novela está muy ajustada, bien escrita y con dos personajes principales bien definidos, tratados y presentados. Aunque no dejan de ser los personajes que ya conocemos, están bien escritos y es muy sencillo sentir una cercanía y empatía por ellos. Tanto Natalie como Zach son buenos personajes de novela romántica y tantos sus fortalezas y flaquezas están ajustadas y son idóneas para la novela. La forma de conocerse, la relación de respeto y atracción que se establece entre ellos, las cicatrices emocionales que cada uno lleva consigo... bien explicado y creíble. Funciona. Sí que puede ser exagerado y muy dramático (a parte del imposible cuerpo de Zach y su enorme e inabarcable trabuco), pero es acorde con el género del que estamos hablando. Cumple con las convenciones y lo hace bien. El argumento funciona, los personajes funcionan y las escenas sexuales funcionan; están bien esparcidas por la novela, resultan creíbles, son elegantes y sirvan para explicar algo de los personajes sin acabar convertidas en un catálogo de complicadas poses. Ah, y el chico no dice eso de "Oh, sí, nena" lo que se agradece mucho.

La novela me ha gustado, sí, sobre todo en sus dos primeros actos (Captura y Huída, los nombres son míos). En mi opinión, en su tercer acto (la llegada a Denver y el desenlace de la conspiración) la novela se desinfla y acaba aburriendo. ¿Por qué? De repente se me antoja muy poco creíble lo que me explicaban. Lo que era una sencilla historia de huida de unos narcotraficantes se convierte en una conspiración bastante improbable, la relación entre los protagonistas se convierte en uno de esos "quiero y no puedo" repletos de dudas e idas y venidas que acaba haciéndose repetitivo y, sobre todo, entra en la novela un ligero tufo conservador. De repente, la testosterona entra en acción y los hombres se convierten en machos protectores cargados de armas que compiten entre ellos a ver quien la tiene más larga y gorda y las mujeres, pese a todo lo vivido, en criaturas a las que proteger y defender.

La novela se mueve entre unos códigos muy marcados, pero su tercio final se vuelve estremecedoramente convencional y conservador lo que provocó que mi entusiasmo se redujera muchos puntos y la novela en sus últimas páginas se me cayera de las manos. Lo siento, es que no soporto las machadas ni la testosterona. Solo en el cine de acción de los ochenta, en los demás espacios me sobra.

A pesar de esto, si cae algo más de autora en mis manos lo leeré. Dos tercios de diversión los tengo asegurados. Y teniendo en cuenta la carrera lectora que llevo estos días, eso es mucho.

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Lectura directa
Algo más que libros
Lo que quiera leer hoy

jueves, 13 de noviembre de 2014

Escuela Claudia del Moral para jóvenes y apasionados escritores

Una pequeña pausa en el reto para dar una buena noticia.
Claudia del Moral ha vuelto y con más ganas que nunca.

A lo largo de este año son muchos los interesados que me han remitido cartas, privados, palomas, corzos, vaqueros, saltamontes, mensajes telepáticos, columnas de humo, conejos en una olla y otras formas de comunicación preguntando qué ha pasado con Claudia del Moral. ¿Se ha retirado? ¿Ha dejado de escribir y se dedica a la vida contemplativa o a resolver crímenes en trasatlánticos de lujo acompañada de su fiel y cachas Diógenes? ¿Ha muerto y ahora su cadáver momificado es adorado por una oscura secta de fan girls? ¿Por qué ha pasado de publicar seis novelas al mes de las más ardientes temáticas a este insoportable silencio que está conduciendo a sus innumerables fans a la locura y al canibalismo? ¿Qué ha pasado, por amor de un dios?

Muchas cosas han pasado. De algunas de ellas tengo prohibido hablar ya que sus ramificaciones políticas, sociales y sensuales aun están marcando el devenir de este mundo. De las demás, ahora me dispongo a hablar.

Como todos sabéis, Claudia suele pasar la mayor parte de la año en su sencilla villa en Capri.

Villa Claudia o Casa Pasión.
El lugar donde Claudia del Moral ha perpetrado sus mejores creaciones.

Esta crisis se inició cuando Claudia estaba corrigiendo las galeradas de la décimo octava entrega de su famosa serie "Highlanders en patines" y se dio cuenta de que el argumento que había utilizado para relatar las eróticas aventuras rodantes del agresivo, pero dulce Patrick "El tonelero" y la aguerrida e indómita Megan Vargas era igual, salvo el patinete del protagonista, al que ya había utilizado en la trigésimo tercera parte de su saga "Vampiros sin calzones". Quedó consternada ante su ordenador de marfil sintiendo como una terrible idea iba introduciéndose en su prodigioso cerebro cual gusano en la hrida del despistado campista que no ha sabido cauterizarla y deja parte de carne palpitante y correosa como tentación de parásitos. Se dio cuenta de que se había quedado sin ideas. Vacía como una ánfora griega e igual de hermosa. Quizá después de más de dos mil novelas, la llama de su inspiración se había agotado. Apagó el ordenador, llamó a la editorial y a sus abogados para informarles de que no podía continuar y se adueño de ella una profunda tristeza que ni los sugestivos masajes de nalgas de Diógenes podía aliviar.

Diógenes, apoyo siempre fiel de Claudia.

Por primera vez en su vida, Claudia no podía escribir. Pasaba los días encerrada en su mísera villa en Capri escuchando música renacentista francesa y contemplando indiferente las rutinas de abdominales de Diógenes. No podía escribir. Sus historias eran las de siempre, era una fracasada y ni las noticias de tumultos en librerías por la falta de sus novelas podía alegrarla. Admiradores, fans, locos, escritores envidiosos, todos ellos se interesaban por la suerte de Claudia, pero solo recibían silencio y perdigones. Claudía había entrado en un pozo de desesperación que parecía no tener fin.

Hasta que un día, después de una rutinaria sesión de sexo de seis horas, Diógenes prendió una llama. Quizá había llegado a la hora de compartir. De enseñar a otros escritores todo lo que ella llevaba dentro, todos sus conocimientos de técnica y creación para conseguir las más húmedas y tórridas novelas de amor y pasión. En un primer momento rechazó la idea, pero al paso de los días fue dándole vueltas y sí, de acuerdo, quizá fuera una forma de volver al mundo, reconectar con la literatura y sus seguidores y devolver el cariño que a lo largo de los años le habían dado. Una escuela, un lugar donde jóvenes escritores tuvieran cobijo, apoyo y comida para crear sus obras. Séis meses de convivencia en su pequeña villa capriana bajo la férrea tutela de una profesora tan exigente como Claudia. Cuatro escritores jóvenes seleccionados de todo el mundo que contarían con la ayuda de una figura como Claudia para alumbrar sus primeras novelas. Dicho y hecho. Anuncio, selección y la primera generación de pequeños clauditos con sus respectivas novelas. Seis meses de duro trabajo (que iremos relatando, pero sobre todo en el blog dedicado a Claudia) que cristalizan en novelas como esta:

Pasión supervividora, Agnes Tibaldi, próxima publicación.

La ambición de la joven escritora Agnes Tibaldi es la de convertirse en la reina indiscutible del género romantic survivor, novelas distópicas de supervivencia en entornos hostiles donde el amor tiene una segunda oportunidad. Su primera novela es la prueba indiscutible de que es una voz narrativa que dará mucho de que hablar.

Un mundo futuro dominado con mano y pie férreo por La Corporación Malvada, un gobierno distópico y tirano que tomó el poder tras el desastre conocido como La Gran Deflagración que dejó el mundo hecho unos zorros. Para conmemorar el día de su toma de poder, y para controlar la población de adolescentes rebeldes que exigen derechos y wifi en el metro, todos los años se organizan los Juegos Salvajes donde un par de centenas de jóvenes y jóvenas son abandonados en entornos hostiles sin nada más que ajustados trajes de cuero y un mondadientes. Entre estos adolescentes se encuentra Sylvia, la más rebelde de las rebeldes, con un precioso pelo natural, ojos almendrados, control inaudito de su peso y un fuerte carácter que quizá no le servirá de nada cuando conozca en esa selva plagada de animales mutados al misterioso, callado y guapísimo Trevor. Ella quería cerrar su corazón, pero los ojos de Trevor parecían tener el poder para hacérselo abrir. El corazón y otras cosas que una señorita siempre mantiene cerradas.

Sylvia se contempló en el arroyo que discurría dentro de su cabaña y admiró su reflejo. Aunque habían pasado seis horas, aun sentía los labios palpitantes por el beso que le había robado Trevor. Su generoso pecho se agitaba al recordar el momento en que Trevor se abalanzó hacia ella y ella, a pesar de querer resistirse, se había dejado comer la boca por el chico al que había jurado odiar. ¿Cómo se había atrevido? ¿Y por qué sentía que le había gustado?
Un alboroto en el Claro interrumpió sus profundos pensamientos. Salió de su cabaña y vio como un grupo de chicos a los que no conocía por nombre, pero que pertenecían al grupo que había bautizado como Carnaza, llevaba en brazos a Trevor.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó presintiendo lo peor.
- Un Osoespín nos ha atacado cuando nos disponíamos a recoger moras. Trevor nos ha salvado al enfrentarse al Osoespín con su mondadientes. Lo ha matado, pero...
- ¿Pero?
- El Osoespín le ha clavado su aguijón en el vientre. Queríamos atenderlo allí mismo, pero antes de desmayarse nos ha dicho que solo tú podías curarle.
- Está bien - dijo -. Nunca he curado a nadie, pero no debe de ser tan difícil sacar del vientre un aguijón.
Lo llevaron a su tienda mientras ella se preguntaba si quería salvarlo. Quizá si lo hacía él volviera a besarle. Lo quería y lo odiaba por igual.
Los chicos de Carnaza lo dejaron encima de una mesa.
- Quitadle la camisa - dijo Sylvia. 
Lo que vio la dejó sin aliento.
Un pecho liso, fuerte y duro. Una deseable tableta de chocolate la invitaba a acariciar y lamer cada recodo. Un ligero vello parcelaba el marmóleo pecho de Trevor y se perdía más allá de su ensangrentado vientre hacia partes que Sylvia solo imaginaba por las noches con la mano inquieta. Se quedó sin respiración, con el corazón palpitando, sintiendo como sus pezones se endurecían y bailaban dentro de su sostén de cuero, como una oscura humedad le invadía su entrepierna provocando que a cada uno de sus pasos le acompañara un ligero sonido que parecía sinónimo del deseo que le despertaba aquel hombre que se hallaba ante sí. Pasó unos minutos contemplando aquel cuerpo perfecto hasta que la chirriante voz de uno de Carnaza la sacó de su ensueño; una voz donde se adivinaba el deseo que ella le despertaba.
- Deberías hacer algo... se está desangrando. Y el olor que desprende esta atrayendo a las Arañas Lobo.
¿Qué le estaba pasando? ¿Dónde había quedado su decisión de no volverse a sentir atraída por ningún hombre? Solo tenía ganas de llorar, pero no podía. Tenía que salvar una vida. Otra vez.

Impresionante, ¿verdad?
Pues esta es solo una pequeña muestra del talento que ha nacido en la nueva Escuela Claudia del Moral para jóvenes y apasionados escritores. En los próximos días tanto aquí como en el blog dedicado a la vida ejemplar y obra de Claudia, Todo Claudia del Moral, encontraréis más información, más adelantos, más talento y mucha más sorpresas.

martes, 11 de noviembre de 2014

"Esta noche dime que me quieres" de Federico Moccia

Esta noche dime que me quieres, Federico Moccia, Planeta
Aquesta nit digue's que m'estimes, Federico Moccia, Columna

Vuelve Moccia. Sabéis donde hacer daño.

Segunda "novela" que leo de Federico Moccia. Si el año pasado me tuve que enfrentar y casi morir entre las garras de la que está considerada la novela más adolescente del italiano, Carolina se enamora, esta vez leo la más adulta; nada de adolescentes o institutos, en esta encontraremos un buen puñado de treintañeros y sus vidas de mierda.

Tancredi es muy rico. Mucho. Pero mucho. No nos podemos ni hacer una idea de lo rico que es. Y guapo, claro. Mucho. Pero algo de su pasado hizo que no creyera ni en el amor ni en la felicidad. Ni en la propia ni en la ajena. Desde entonces se dedica a ganar más dinero y a destruir toda la felicidad que encuentra por delante. Ve un matrimonio feliz, pues nada, se lanza a la conquista y captura de la mujer, la seduce, le hace guarreridas, fotos comprometedoras y destruye un matrimonio. Es tan frío, calculador y no puede con la felicidad ajena que llega a matar cervatillos para joder a los padres.

Sofia es una joven guapa, claro, que vive inmersa en un charco de culpa. Por un quítame de ahí esa mozzarella, su novio tuvo un accidente de moto que lo dejó en silla de ruedas. Para salvarlo, hace una promesa con Dios: la vida de su novio a cambio de lo que más quiere en el mundo; tocar el piano (porque es una pianista excepcional). El novio se salva, ella no toca más y van viviendo entre cariños y culpa.

Un día, claro, Tancredi y Sofia se conocen, conectan y pasa algo. ¿El qué? Pues en melodrama que no es más que una versión cutre de Una proposición indecente. 

Primero, Esta noche dime que me quieres me ha parecido mejor novela que Carolina se enamora. Ya sé que decir esto no es decir mucho porque una etiqueta de detergente es mejor y más trepidante lectura que las aventuras de la adolescente Carolina.

Esto no quiere decir que la novela me haya gustado. Ha sido una lectura desesperante y aburrida a partes iguales. Casi cuatrocientas páginas de personajes sosos, prosa aburrida y repetitiva y pobre estructura. Y mucho relleno. Capítulos enteros donde no pasa nada y la historia no avanza. Páginas de Tancredi pescando. De visitas al restaurante de Sofia y una amiga (recuerdo dos de estas donde se habla de lo mismo y en el mismo orden repitiendo conflictos e información), de viajes a casa de los papas, etcétera. Moccia parece incapaz de escoger qué información es pertinente y cuándo y cómo debe exponerla. La sutilidad brilla por su ausencia y en muchos momentos se ve mezclada con la pedantería y la falsa trascendencia.

Los personajes son bastante sosos y prototípicos. Estamos a una nueva versión del rico frío que conoce a la muchacha proletaria y empieza el deshielo. Tomemos a Tancredi como ejemplo de personaje. Es el que recibe mejor tratamiento, pero en el intento de crear a una persona vacía de sentimientos y fría acaba convirtiéndose en caricatura. Es malo, desgraciado y un mamón de mucho cuidado, pero presentado de una forma que no es creíble. Exagerarlo para que luego sea más evidente el cambio que le produce Sofía (ver escena donde mata al cervatillo). Como exagerado resulta el control que Tancredi ejerce sobre quien lo rodea por medio de su red de espías (resulta harto improbable y poco creíble todo el entramado que construye para poder estar con la chica). De tan exagerado, resulta caricaturesco y por momentos se queda a un paso de la parodia.

El resto de personajes es una colección bastante amplia de mentirosos, egoístas, manipuladores, inmaduros y rencorosos. Si en Carolina se enamora el retrato que hacía de las adolescentes de catorce años es que eran idiotas, en esta los treintañeros son un puñado de amargados hijos de puta cuya vida se reduce a acostarse con otros, engañar a las parejas y querer aparentar cierto nihilismo mientras se descorcha un buen vino. Y no, no es sátira ni parodía de una generación. No estamos ante una novela de Breston Ellis, Douglas Coupland o Chuck Palahniuk. No hay intención sarítica o irónica. Esta noche dime que me quieres es puro melodrama. Novela escrita para emocionar y con la pretensión de hacer un retrato real de las distintas formas del amor y lo complejo que es. Una novela que pretende ser profunda y que para ello se engalana y maquilla con un estilo pesado que por momentos se hunde en la pedantería. Y con la intención de que el lector se identifique con esos personajes y los haga suyos.

¿Qué más? Pues muchas marcas y no para definir a los personajes (ya que estos no se definen por lo que compran) sino por pereza descriptiva, irritante niña sabelotodo, y un final que deja la puerta entreabierta a una posible secuela (no sería necesaria, pero podría pasar), pero que también podría significar que Moccia sencillamente no sabe cuando o como acabar las novelas. Ah, y un puñado de rutinarias y aburridas escenas sexuales incluyendo unos cuantos capítulos al final donde se demuestra qué bien viven y follan los ricos.

Otras opiniones
Adicción litearia
Yo leo, yo comento

Nota: no acabo de estar contento con esta reseña... hay algo que no me convence. Medito... no descarto que acaba editándola y cambiando alguna cosa. Tengo la sensación de que no me he explicado bien.

viernes, 7 de noviembre de 2014

"¡Buenos días, princesa!" de Blue Jeans

¡Buenos días, princesa!, Blue Jeans, Planeta
Bon dia, princesa!, Blue Jeans, Columna

Esta reseña contiene spoilers de los gordos. Estáis avisados.

Segunda novela de Blue Jeans que tengo que leer después de aquella Canciones para Paula que tuve que leer el año pasado. ¿Y qué tal? Pues podría pillar aquella reseña, copiarla, un toquecito aquí y un toquecito allá y hacerla pasar por la de esta novela. Las sensaciones que tuve con la historia de Paula y sus amigos es la misma que he tenido con la historia de Val y sus amigos. El mismo estilo, la misma historia, los mismos recursos, la misma forma.

Seis amigos que forman "El club de los incomprendidos" cuyo nombre se debe a que, bueno, a que ¿nadie les comprende? Cada uno de ellos cumple con una función específica: Val es la buena amiga, Raúl es el líder guapo, Eli es la guapa, Ester es la maja, Meri es el patito feo del grupo (es lo que tiene ser pelirroja y llevar gafas, se siente) y Bruno es el otro chico. Se suponen que son los mejores amigos, pero entre ellos existe una red de mentiras, secretos, envidias, conspiraciones y traiciones que ríete tú de las cenas de fin de año de espías de la CIA y el antiguo KGB. ¿Por qué lo digo?

Val está enamorada de Raúl. Este no está enamorado de Val, pero empieza a salir con ella porque considera que podría enamorarse de ella y con diecisiete años ya va siendo hora de tener una relación seria. Pero Eli, que es la mejor amiga de Val, también está enamorada de Raúl y le aprieta para llegar a más y tener una relación seria. Val y Raúl, en un alarde de amistad, deciden no decir nada a Eli y mantener su relación en secreto aunque la otra vaya penando por el mundo. Bruno está enamorado de Ester, que es más buena, pero en secreto. Ester no está enamorada de Bruno porque ella está enamorada de su entrenador de voley que, en principio, también está enamorado de ella, pero la aprieta para ir a más porque los besos le saben a poco (ah, y el entrenador es diez años mayor que ella). Y Meri tiene un secreto. A todo esto, añade una amiga de Eli que malmete (aunque tiene truco), a César el chico guapo, encantador, algo mentiroso y que toca la guitarra en el metro que va detrás de Val y ella no le hace ascos, no, aunque en principio, recordemos, está enamorado de Raúl, a los respectivos padres con sus respectivos problemas, a algún hermano que también aparece saludando, a otros personajes que entran y salen sin mucho motivo y más o menos, ya tenemos esbozado el argumento general de la novela.

Un argumento de pura telenovela con personajes, diálogos y situaciones propios de ella. Al igual que en la novela de Paula nos encontramos con personajes que son puro cliché y pura apariencia. No hay nada más allá de lo que ellos mismos dicen de ellos y de los demás. Dicen que Ester es buena, Ester es buena, no hay más. No existe trasfondo, no existe personalidad, ni esbozo de ella. Los personajes corresponden a puros estereotipos y clichés para poder abarcar el abanico máximo de tipos con los que trabajar. Un buen ejemplo de esto son los personajes de los padres donde cada uno de ellos corresponden a una tipología distinta (el deprimido majo, la triste, la pesada, la sufrida, etcétera), con el denominador común de que ninguno entiende a sus hijos.

Los seis protagonista son puros clichés, puros tipos que pupulan por la novela merced de un argumento enrevesado e increíble, pero ajustado a lo que ¡Buenos días, princesa! es: un folletín. Porque no estamos ante una novela de estirpe realista. No creo que nadie vaya a considerar este libro como un retrato realista de la adolescencia. La novela es puro artificio y sus personajes son una excusa para construir un argumento folletinesco donde lo que importa es el próximo giro y conseguir una sorpresa aún mayor. Ah, y reciclando motivos, temas y estructuras sentimentales de su anterior novela.

Capítulos cortos, mucho diálogo, descripciones descompensadas (o se despacha a un personaje diciendo "es guapo" o se explican detalladamente como un personaje se coloca unas lentillas), la irritante anticipación en las últimas líneas de capítulo ("no podía imaginar que el dolor le aguardaba...") y que en algunas ocasiones esconden trampa (como insinuar que algo muy gordo se estaba fraguando en la barra de un bar, pero al seguir el capítulo descubrir que solo es una chica ligando con el guapo y que al momento se va). Lenguaje pobre, repeticiones y un excesivo número de páginas (con doscientas páginas menos se explica lo mismo), precipitación en los acontecimientos (cuesta creer que toda la acción suceda en tres o cuatro días). Exactamente los mismos problema que tuve con Canciones para Paula, pero algo mejor escritos (algo de oficio ha ganado).

Y las dos sorpresas finales. ¿Inesperadas? Sí. Una, la que corresponde a Meri, por tramposa (por las pistas que da el libro el lector piensa una cosa para luego salirte por peteneras y ser otra distinta) y la otra porque no hay por donde pillarla y, además, me ha tocado en lo personal.

Resulta que al final el personaje de Eli es esquizofrénico y su amiga malmetedora producto de su imaginación. Esto lo suelta el psicólogo del instituto a Val en el epílogo del libro con tal frescura y saltándose a la torera responsabilidades o confidencialidad. En ningún momento de la novela se insinúa o se deja entrever el problema de Eli más allá de un ataque de ansiedad. Para cualquier lector familiarizado con la esquizofrenia (y yo lo estoy por motivos familiares) resulta bastante inverosímil la forma en que el autor ha presentado la enfermedad reduciéndola al tópico de alguien que oye voces cuando es algo mucho más complejo. Y si resulta que, como en este caso, la enfermedad está diagnósticada por lo que se supone es un psicólogo profesional, ¿dónde está el tratamiento? ¿dónde está el seguimiento profesional? Porque en la novela se reduce a la sorpresa. ¿Y desde cuando un psicólogo puede ir contando la intimidad de uno de sus paciente tan alegremente? ¿Y desde cuando un psicólogo escolar al saber que una alumna oye voces no la manda automáticamente a un psiquiatra?

Al leer todo esto me pregunto si ha habido un trabajo por parte del autor de estudiar qué es la esquizofrenía y las repercusiones que tienen en el individuo (tanto mentales como físicas) y en los que la rodean. Porque no lo parece, lo siento. Parece que su única documentación consistiera en ver un par de veces Una mente maravillosa y santas pascuas. Y que conste que no tengo nada en contra de utilizar la esquizofrenía como recurso literario, pero si se utiliza, al menos hacerlo bien y con elegancia.

Resumiendo, mi segunda experiencia con Blue Jeans ha sido igual que la primera. El año que viene pongo la norma que nada de este autor. Ni de Moccia. Pero de esta hablaremos en unos días.

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Divagando entre líneas
Capítulo 26

miércoles, 5 de noviembre de 2014

"La portadora de almas" de Victoria Vílchez y "Recuerda que me quieres" de W. D.

Y hoy, las dos novelas de Kiwi que había en el reto.

La portadora de almas, Victoria Vílchez, Kiwi editorial

Chica con habilidades especiales. Chico misterioso. Mucha pelea, pero mucha atracción desde el primer momento. Amiga (en este caso prima), simpática y habladora. Otra que lo es menos. Algo de conflicto. Misterios familiares.

La portadora de almas es una novela muy correcta. Entretenida, con personajes bien caracterizados aunque partiendo de los tipos ya conocidos en la novela juvenil romántica sobrenatural, sencilla de leer y con una buena atención al detalle y a la descripción. Dura un par de tarde y consigue mantener el interés en su lectura. Lástima que la autora no se arriesgue a más. Parte de un material muy interesante (la familia de Cassandra y sus "dones"), pero da la sensación de que se conforma con poco y acaba construyendo una historia muy típica y tópica. Sí, agradable de leer, pero muy vista. Y creo que es una lástima porque tengo la impresión de que Victoria Vílchez tiene la fuerza y las ganas para construir historias diferentes, pero que en La portadora de almas quedan ocultas por una historia que debe demasiado a otros libros (recuerda a Obsidian, a Oscuros, a otras tantas novelas).

Al igual que creo juega un flaco favor a la historia focalizar más la atención en una historia de amor bastante previsible y tópica, que en los dones, el mundo, la magia o la aventura. Un mayor desarrollo de la historia y menos atención al amor, hubiera ayudado.

Vamos, correcta. Solo una pregunta, ¿por qué esta manía de colmar de todas las perfecciones a los protagonistas? Ya no solo hablo de un chico encantador, con un puntito macarra y con un cuerpo perfecto, si no a una protagonista a la que se describe como preciosa, "piel de porcelana", "curvas que hacía que se giraran cuando pasaba" y "capaz de comer de todo sin engordar". Resta credibilidad y, para mí, crea una distancia importante entre los personajes y el lector.


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El cofre de Nebe
Libros con alma
Melodías entre líneas


Recuerda que me quieres, W. Davies (Fátima Embark y Merche Murillo), ed. Kiwi.

Versión moderna y realista de Peter Pan.
Una tal Wendy conoce a un tal Peter y se enamoran y tienen algún malentendido y... poco más. Salen personajes que se relacionan con los que aparecían en la novela de Barrie, se fuerza el argumento para que cuadre con el referente y se alarga la novela de una forma agónica y sin venir a cuento.

No me ha gustado la propuesta de W. Davies. He empezado sus páginas sin saber muy bien qué me iba a encontrar y lo que he hallado no justifica las cuatrocientas páginas largas de las que hace gala el libro. Personajes planos con una pobre caracterización psicológica (crear un personaje que es resumen de todas las perfecciones y virtudes del universo y añadir que su defecto es ser rencoroso, no es darle complejidad al personaje), historia prácticamente inexistente y repetitiva ya que prácticamente todo se explica más de dos veces (¿cuántas veces se explica que Wendy escribe muy bien, pero le falta "alma"? ¿cuántas veces se repite que a uno de los amigos de Peter le cascan?), se repiten escenas (discusiones casi calcadas entre Wendy y ex, por ejemplo) y se vuelve una y otra vez a lo mismo. Hay un juego de casualidades bastante increíble y una intriga de engaños y manipulaciones que no hay por donde pillarlo.

Pero lo que menos me ha gustado es el estilo del libro. Se puede escribir una buena novela con una historia mínima o incluso inexistente, pero cuando no tienes historia y el estilo en el que se explica no funciona, mejor dejarlo.

A parte de las continuas repeticiones, tenemos dos voces narradoras que interrumpen la narración para guiñar el ojo al lector, con saltos injustificados de punto de vista (si la narración es en tercera persona no puedes saltar de repente a una primera persona y justificarlo por qué la vida tiene estas sorpresas. Esto no es la vida, esto es literatura y todo debe tener un motivo), descripciones farragosas que no conducen a ninguna parte, un uso abusivo de la anticipación para crear intriga que consigue el efecto contrario de desvelar la trama (Wendy no sabía que ese día iba a cambiar su vida) y unas muy irritantes notas a pide página para explicar al lector las referencias que utilizan las autoras por si este no lo sabe.

En una nota a pie de página debe añadir información ya sea para reforzar, ironizar o negar lo que sucede, no para explicar al lector el juego que en Peter Pan se hace con los dedales o qué es el río Lete. Para mí eso es ser terriblemente condescendiente con la persona que te está leyendo y demuestra mucha inseguridad con el libro que se escribe. Al igual que esa nota de las autoras donde se explican las referencias que el lector puede encontrar en la novela. Mal. Vuelve la condescendencia y el atisbo de inseguridad. Si quien lee no pilla la posible referencia, no es responsabilidad de quien escribe, si no de quien lee.

Y por último, ¿alguien me puede explicar qué demonios significa la portada? ¿Se puede saber qué relación tiene la muchacha que va en bicicleta con el culo al aire y una hemorragia con la versión moderna de Peter Pan? ¿Hay algo que se me escapa?


Otras opiniones
Fly like a Butterfly
El jardín de las malas hierbas
Viviendo entre libros

domingo, 2 de noviembre de 2014

"Ex libris" de Sandra Andrés Belenguer

Ex libris, Sandra Andrés Belenguer, Everest

Me hacéis leer cada cosa. Ah, y la reseña puede contener spoilers.

Lara es una adolescente muy especial (como se nos recuerda cada dos por tres en la novela) e incomprendida. Especial porque le gusta mucho leer, cosa rara, e incomprendida porque todo el que la rodea se burla de ella por tener siempre un libro entre las manos, ser una ameba social, tener la empatía atrofiada, pero la capacidad para juzgar a los demás en plena efervescencia. En los institutos donde ha ido ha tenido la mala suerte de que solo había grupos de chicos superficiales y violentos, chicas perracas que se reían de ella y amigas traidoras. Es la "rara", la diferente, la extraña. La que prefiere la compañía de un libro a la de las personas porque, ya se sabe, el mundo margina a aquellos que les gusta leer, los aparta, los aísla, los escupe, los machaca, se mea en ellos, los tortura y conspira para destrozarles los deberes y conducirlos a la locura. Lara se aísla y se siente triste porque el mundo no la comprende y no sabe adaptarse a ella. Los malos son los demás, ella es especial.

Un día encuentra una librería de segunda mano donde un señor mayor muy inquietante pide que la acompañe a un lugar oscuro y húmero para enseñarle algo que le va a gustar. Después de aburrirla con un montón de frases de galletita dela suerte y hacerle salvar un libro de las llamas para que le demuestre que su amor por los libros es real, le hará entrega de un mágico presente; Lara se convertirá en la protagonista de su propia novela al darse de bruces con la magia y encontrará el amor y gente que la apreciará por lo que es y le repetirá una y otra vez, pero que especial eres.

No me ha gustado Ex libris. Y no solo no me ha gustado, si no que considero que estamos ante una mala novela. Y no solo ante una mala novela, si no ante un pésimo borrador. No puedo dejar de preguntarme cómo es posible que esta novela haya podido llegar a ver la luz en una editorial profesional. Me pregunto qué criterios han llevado a los editores de Everest a apostar por este producto tal como está y a escritores, se supone que profesionales y con criteriop, como Sierra y Fabra, Blue Jeans o Rafael Ábalos a elogiar lo que se encuentra entre sus páginas. Me pregunto cómo es posible que esta novela sea un producto tan torpemente escrito y estructurado cuando es una quinta novela y se supone que quien la ha llevado a cabo conoce, aunque sea por mínimos, las herramientas del oficio.

Personajes planos y contradictorios. Desde la irritante protagonista hasta el último cochero, su presencia en la novela es torpe y desdibujada. Y las relaciones que se establecen entre ellos están basadas en la inverosimilitud. Lara y Julien se conocen, a los cinco minutos ya viven juntos y a los dos segundos, enamorados. En la vida real, nadie aguanta a Lara, pero en el libro todos la adoran explicándole secretos, confesiones o investigaciones privadas para que avance el argumento con la excusa "no sé por qué, pero confío en ti". Celos que nacen de la nada, amistades eternas que llegan de ninguna parte, sentimientos confesados sin que haya una preparación o un desarrollo. Ahora te veo, ahora te quiero. Confianzas en desconocidos solo porque se dice eso de "eres una persona especial".

Un estilo plano, repetitivo, de narrativa pobre y que por momentos parece un mal resumen de otro libro. Frases y párrafos cortos que quieren dar una sensación de velocidad, pero que producen atropello y que nada de lo que se apunta en la novela se desarrolle. Un "estilo" pedante y artificial que quiere jugar a ser profundo y literario; un pobre intento de querer acercarse a la narrativa decimonónica y a su estilo, pero que no llega ni a pastiche. Desconocimiento de la época y una irritante manía de establecer paralelismos con obras literarias para engrandecer a su protagonista.

Argumento imposible que no hay por donde pillarlo. Empieza como un fanfic de La historia interminable para pasar a un relato de amores imposibles en el tiempo, a misterio sobrenatural, a novela gótica, asesinatos, etcéteras. El problema es que cada uno de los elementos está mal cosido con el anterior y su conjunto es inconsistente y absurdo. Una investigación criminal basada en la casualidad, una protagonista que no pinta mucho en la historia que ocurre (y que se supone que es la suya), un elemento fantástico metido con calzador aparándose en leyendas (lo fantástico es lo que exige más realismo; no se puede poner algo mágico porque sí), unos malos con unas motivaciones demenciales y que cae de pleno en lo absurdo en ese momento delirante en que a punto de matar a las dos insoportables protagonistas dice algo así como "Os voy a matar, pero como tenemos unos minutos me meto en un larguísimo monólogo donde explicaré todas mis motivaciones para que veáis lo enfermo y mal que soy".

Una historia que acaba revolcándose en clichés y lugares comunes para acabar diciéndonos que la vida real es una mierda, que mejor es la ficción y que una vez te has enamorado, deja los estudios, haz campana, pasa de tus padres y dedícate a pasear la ciudad suspirando y deseando que ese personaje de ficción del que te has enamorado cobre vida porque lo que te rodea no tiene nada que ofrecerte.

Y, además, Ex libris es uno de los mejores ejemplos de clasismo cultura que he visto en mucho tiempo. Las personas que leer son maravillosas, sensibles, inteligentes, cultivadas, amables, valientes. Los que no leen, crueles, tontos, odiosos, feos, desagradables. Es un monumento a ese tópico de que leer hace a la gente mejor y más inteligente cuando cualquiera con un poco de vida conoce a estupendas personas con mucho que decir que no han abierto un libro en su vida y a hijos de puta que han leído mucho (Hitler era un lector obsesivo y Pinochet tenía una inmensa y valiosa biblioteca). La novela coloca a los lectores por encima de los demás a aquellos que abre un libro como seres especiales y elegidos por los dioses. Y no es suficiente con leer, si no que encima la literatura tiene que ser lo único importante de tu vida; ni familia, ni amigos, ni estudios, ni futuro. Un canto a la obsesión, la adicción y la exclusión social que roza lo épico.

Aquí lo dejo. No vale la pena continuar pensando en esta novela ni en las horas perdidas en su lectura. Y a los que votasteis por ella, me he quedado con vuestras caras.

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